En el último párrafo de nuestra columna anterior, recordábamos que la construcción de la Urbanización Los Prados fue iniciada en los finales del gobierno provisional que presidió Héctor García Godoy a través de la Asociación Popular de Ahorros y Préstamos, con fondos aportados por agencias de Estados Unidos, tratando de restañar la herida que la intervención militar de ese país había ocasionado a la dignidad de este pueblo. Esa decisión tuvo como origen el levantamiento militar constitucionalista, que había sido organizado y promovido por jóvenes oficiales de las Fuerzas Armadas que provenían casi en su totalidad de la pequeña burguesía urbana, apoyados militantemente por las asociaciones de profesionales universitarios pertenecientes también a ese sector; levantamiento patriótico, viril y desafiante, como no se había visto en Hispanoamérica, que la mayoría del pueblo apoyó inmediatamente.
Ese episodio es el acontecimiento político y militar de mayor trascendencia en la historia de nuestro pueblo y de los pueblos pequeños, porque bajo la dirección de esos militares jóvenes, la mayoría de ellos entrenados en Estados Unidos, nuestro pueblo aguerrido, legendario, veterano de la historia, como lo ha llamado Fidel Castro, enfrentó al ejército de la nación más poderosa del mundo. Y fue Santo Domingo de Guzmán, Primada de América, el escenario de ese acontecimiento, que hoy ha perdido los perfiles de ciudad concebida y diseñada para tener un crecimiento armonioso y ordenado, como lo había tenido hasta el ajusticiamiento de Trujillo en mayo de 1961. Ordenamiento que había establecido Ovando en los inicios del siglo XVI, cuando ordenó el trazado de la ciudad intramuros con calles anchas, rectas, por las que solo circulaban coches, carretas y caballos y que hoy, más de cinco siglos después, pueden circular vehículos modernos de todo peso y tamaño.
Ha llegado el momento que las autoridades asuman la decisión de limpiar la ciudad capital, arreglar calles y aceras, limpiar y hermosear parques y monumentos, y principalmente la avenida George Washington (El Malecón), uno de los paseos más hermosos del mundo. Es obligación, más de las autoridades gubernamentales que de las municipales, restaurar el servicio eléctrico de la ciudad, llena de postes en indetenible proceso de caída y esa inmensa red parecida a una telaraña, que dan un aspecto de abandono que no atraerá ni a quienes habitan en ella, y menos a extranjeros, a recorrer sus calles para contemplar la impresionante estructura colonial en su espacio físico.
Los que hemos visitado la zona colonial de San Juan de Puerto Rico, hemos visto que está iluminada totalmente y sin rastros de basura. Parte del ejercicio de la autoridad, es el cuidado, porque, para ingresar al área, las autoridades exigen identificación. No hay delincuentes ni tígueres con la cabeza llena de moños y con aretes, no hay locos ni pordioseros, ni buhoneros, ensuciando, afeando, y molestando a los turistas y transeúntes. Lamentablemente, el entorno de Santo Domingo, como hemos descrito ya es otra cosa. (Continuaremos)

