Opinión

CRÓNICA DEL PRESENTE

CRÓNICA DEL PRESENTE

Hoy es 24 de septiembre del año 2012, Día de la Virgen de Las Mercedes, patrona del pueblo dominicano y que, al igual que la Virgen de La Altagracia, protectora de la República, representa la imagen religiosa que es la Virgen María, madre de Jesucristo. En esas ironías de la historia humana, en relación con la nación que habita más de la mitad de la isla de Santo Domingo, tienen ambas su presencia, la primera en un cerro del Valle del Cibao, cerca de la ciudad de La Vega, conocido con el nombre de “Santo Cerro”, lugar en el cual los colonizadores españoles se atrincheraron con sus armas de guerra, arcabuces, lanzas y espadas, para hacer frente y combatir a un contingente de miles de aborígenes, armados con arcos y flechas, que los perseguían como intrusos en su hábitat de origen.

Por su parte, la Virgen de La Altagracia, protectora del pueblo dominicano, al igual que la Virgen de Las Mercedes, hizo su aparición aproximadamente dos siglos después de la batalla de el “Santo Cerro”, allá arriba en la parte noroeste de la isla de Santo Domingo, cuando los criollos españoles, blancos, mulatos y negros, asaltaron la incipiente colonia francesa, que originalmente llevaba el nombre de Cabo Francés, acompañados de la imagen, en sus tropas de vanguardia, de una virgen que había aparecido en el pequeño poblado de Higüey, en la parte Este de la isla y que según la leyenda protegió con su presencia espiritual a las aguerridas milicias criollas, que exterminaron inmisericordemente a los colonos franceses en la batalla conocida con el nombre de La Limonada, que se efectuó en 1681, cuando comenzaba a consolidarse un sentimiento patriótico, como resultado de un proceso evolutivo, en la limitada y dispersa población de origen español-africano, que ocupaba la mayor parte de la totalidad de la isla.

Pues bien, a la patrona y a la protectora de nuestro pueblo, deben los dominicanos que profesan la religión católica, en mayoría absoluta de la República, invocar su protección y alta gracia para que ayuden a nuestro pueblo a enfrentar con la firmeza, valentía y decisión, que ha enfrentado el porvenir de su vida republicana, desde el 27 de febrero de 1844, cuando las manos juveniles de Francisco del Rosario Sánchez enarbolaron en la Puerta de El Conde la bandera tricolor, haciendo como juramento solemne, de decisión, la invocación de “Dios, Patria y Libertad”. Que no caiga nunca el destino de la República en manos de una caballería, radial, escrita y televisiva, igual que la de Atila, que miente, calumnia y difama, y que ha sido calificada y llamada, por un conocido periodista dominicano, con el calificativo correcto de “canalla mediática”. Este pueblo legendario, veterano de la historia y David del Caribe, como actor solitario de esa historia, triunfará siempre y vivirá en el escenario de una sociedad más justa, libre y soberana.   

El Nacional

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