Trujillo recibió al coronel Jaime Mariné, que sin lugar a dudas era un personaje en el orden militar de mucha influencia e integrante del gobierno cubano presidido por Fulgencio Batista y quien según nos relató Juan Bosch en alguna oportunidad, que vivía en Cuba hacía muchos años, pertenecía al grupo intimo de militares que rodeaba al presidente elegido en elecciones democráticas, apoyado por una coalición de partidos entre los cuales se encontraba el Partido Socialista de ese país, que era realmente el primer partido comunista fundado en América. Pero en términos históricos la ceremonia que se llevó a cabo aquel día en el Centro de Enseñanzas tiene una importancia histórica extraordinaria porque fue la primera vez, en los once años que habían transcurrido desde 1930, cuando Trujillo tomó el poder, que se realizó un ceremonial tan vistoso con tropas disciplinadas, bien uniformadas, encabezadas por una banda de música sonora, armoniosa, que ejecutaba las marchas con extraordinaria precisión y belleza.
El otro aspecto fue el ejercicio militar Manual de Armas en Silencio, vestidos los soldados con uniformes de gala. Mariné quedó tan impresionado que descendió los escalones del palco donde estaba sentado acompañado de Trujillo, quien le siguió, y dio la mano a nuestro padre y luego lo abrazó, diciéndole que no había visto nunca una expresión tan unificada y precisa como la habían realizado los soldados de la República. Desde el lugar en que presenciamos, siendo niño, aquel acontecimiento, veíamos a Trujillo sonriendo y conversando animadamente con el coronel Mariné. Pero también recordamos que lo que más nos impresionó en aquel momento, fue la calidad incuestionable de la interpretación armoniosa y ajustada de las marchas militares mexicanas, estadounidenses y dominicanas, en las cuales se destacaban el sonido de las trompetas y las flautas.
A partir de ese momento, tome la decisión de ser músico y así lo hice saber a nuestros padres. Apenas un mes después de la visita de Mariné, como premio a su papel protagónico en los ejercicios militares, nuestro padre fue trasladado como comandante de la provincia de El Seybo, que era en términos económicos, sociales y políticos, una de las más importantes de la República porque en ese momento La Romana e Higuey eran municipios que dependían política y militarmente de las autoridades que tenían asiento en la ciudad de Santa Cruz de El Seybo. La Romana era económicamente más importante que Higüey, porque en ella estaba establecida, desde 1912, la South Puerto Rico Sugar Company, propietaria del Central Romana, rica y poderosa industria que tenía ya treinta años de servicio y que hacía frontera con el municipio de Higüey, comunidad rica también en ganadería vacuna y caballar.

