Atrapado (III).- Las operaciones de la Falconbridge luego de la sustitución del autor de esta columna como director general de CORDE, se convirtieron en un misterio del cual, sin lugar a dudas, salió perdiendo el Estado dominicano; y el comportamiento o la conducta de esta poderosa empresa minera, en relación con la vida de nuestro pueblo, ha sido profundamente agresivo e irrespetuoso.
Debemos recordar que fue el gerente general de la Falconbridge, mister Ian Hartley Keith, oriundo de Sudáfrica, quien ordenó el atentado contra el profesor Juan Bosch, que se llevó a cabo allá por los años de 1970, en la casa de José Delio Guzmán, resultando muerto el hijo mayor de José Delio, porque ese funcionario estaba convencido de que don Juan era el promotor de una huelga que llevaban a cabo los obreros de la Falconbridge.
El atentado lo ejecutó un grupo comandado por un oficial de la policía, conocido con el nombre de Campeche, cuyo apellido era Valenzuela. Esta empresa es la que ahora quiere destruir, para perjudicar más a nuestro país, a Loma Miranda, en la cordillera Central, gigantesco promontorio en el cual nacen innumerables fuentes fluviales, de las que convierten el Valle del Cibao o Valle de La Vega Real, en el más productivo del mundo, que es comparable, para muchos entendidos en la materia, con el llamado Valle de Cachemira, entre la India y Pakistán, que no tiene en su seno la cantidad de ríos que tiene el valle dominicano, que es el más rico de Centroamérica y el Caribe y tal vez mas allá.
Entre estas pretensiones de la minera canadiense y la agresión permanente, irrespetuosa, abusiva, de Canadá, Estados Unidos y Francia, a través de sus agentes asalariados, aglutinados en numerosas ONG’s, con sus planes estratégicos de fusionar los dos pueblos que habitan en la isla de Santo Domingo, que no son realmente dos pueblos, sino al pueblo dominicano con el conglomerado humano haitiano, como correctamente lo calificó Juan Bosch, la República que concibió y fundó Juan Pablo Duarte y sus compañeros trinitarios, en febrero de 1844, y que años después de la traición de Pedro Santana, rescataron y restauraron los próceres de agosto de 1863, pueblo de valientes, firmes y decididos, calificado como “el David del Caribe, legendario y veterano de la historia”.
Atrapado, como consecuencia de los graves errores que hemos cometido la mayoría de los que hemos gobernado, al actuar con una complacencia e incongruencia cuestionables, confundidos no solamente por nuestros enemigos extranjeros y los agentes de las tres grandes potencias que hemos llamado por su nombre anteriormente, convirtiendo el escenario de nuestro destino en la realidad de los hechos en dolorosas consecuencias para nuestro pueblo.
POR: Euclides Gutiérrez Félix

