Opinión

CRÓNICA DEL PRESENTE

CRÓNICA DEL PRESENTE

Venezuela y República Dominicana

La adquisición de la totalidad de las acciones que componen la llamada “Refinería de Petróleo”, instalada en Haina, fue una decisión valiente, responsable, justa y beneficiosa, para nuestro pueblo. La primera vez que se habló de instalar una refinería de petróleo en territorio dominicano fue en los meses finales del año 1961, cuando había sido ajusticiado Rafael Trujillo Molina. En el registro de nuestra memoria está presente la concesión de un contrato especial, aprobado por el Congreso, en beneficio de la Esso Standard Oil, para instalar la importante procesadora de petróleo, en la costa sur del país. Esa concesión era profundamente lesiva al país y le dio la oportunidad a Juan Bosch, elegido presidente en las elecciones de diciembre de 1962, de comprometer al presidente Kennedy, quien se puso a su disposición cuando don Juan respondió a su petición de visitarlo en Washington.

El maestro político dominicano cuando asumió la presidencia de la República y designó su gabinete, nombró como Ministro de Relaciones Exteriores a Ernesto Freites, destacado miembro de la oligarquía pro norteamericana, quien desempeñaba las funciones de Administrador General de la Esso Standard Oil en nuestro país. Poco tiempo después fue rescindido el oneroso contrato y relevado en sus funciones el señor Freites por Héctor García Godoy. Jugada política ejemplar, propia del gran maestro dominicano. Muchos años después, instalada la refinería por un contrato que suscribió Joaquín Balaguer con la Shell, menos oneroso que el anterior de la Esso, pero perjudicial a nuestro pueblo también, a mediados de 1975 don Juan en objetiva y frontal crítica al gobierno que presidía el doctor Joaquín Balaguer reclamó la necesidad de “venderle parte de esa refinería a la Corporación Venezolana de Petróleo de manera que esa refinería pasara a ser propiedad conjunta de Venezuela y de la República Dominicana”.

Hace 35 años que Juan Bosch reclamó lo que era necesario hacer con la mal llamada “Refinería”, que a su criterio no pasaba de ser una simple cafetera. Teniendo como propietarios al Estado dominicano y venezolano debía convertirse en una verdadera refinería que procesara todos los derivados del petróleo. Vigente está la idea de don Juan, amigo, solidario y entrañable de Venezuela, a quien el comandante Hugo Chávez admira, evoca y respeta junto al héroe y prócer dominicano, coronel Francisco Caamaño Deñó, protagonistas de primera categoría del episodio político militar más importante que ha ocurrido en Hispanoamérica, en los finales del siglo XX. La República Dominicana es el escenario más apropiado para que se instale y funcione, como parte del acuerdo de Petrocaribe, una refinería que sea abastecida por el petróleo que sale de las entrañas de la Patria de Simón Bolívar, el héroe universal americano.

No conviene a nuestro pueblo que esa propiedad del Estado vaya a caer en manos de particulares, como ha sucedido con aeropuertos y otros bienes del Estado dominicano, hoy en manos del llamado “Sector Privado”, nacional o internacional, a la mayoría de los cuales no les importa el presente y mucho menos el futuro de nuestra Patria.

El Nacional

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