En nuestra columna anterior hablamos de los trompetistas más prominentes del país, al criterio del autor, algunos de los cuales, como Cecilio Comprés y Héctor de León, Cabeza, se destacaron notablemente en el exterior; hay otros trompetistas de esa época cuyos nombres ignoramos, entre los cuales estaba la primera trompeta de la que originalmente se llamó orquesta Flor de Oro, en homenaje a la hija de Trujillo, que fundó y dirigió por mucho tiempo aquel excelente saxofonista y director llamado Napoleón Zayas. De Napoleón Zayas, Ángel Viloria y Luis Quintero, hablaremos después, ya que estos maestros dominicanos llevaron la música folklórica del país, la verdadera música folklórica, a escenarios diferentes comenzando por Estados Unidos y después en Europa y otros países entre los cuales figuran algunos del Lejano Oriente.
Habíamos narrado en la columna anterior, cuando nuestro padre, primer teniente del Ejército Nacional, fue trasladado de Sánchez a Moca; traslado dispuesto por Trujillo, personalmente, por razones políticas. Los detalles de esos episodios de nuestra vida serán narrados en otro momento. Los recuerdos en nuestra memoria comenzaron en Sánchez, en 1939, cuando apenas habíamos cumplido tres años de edad, en Moca cumplimos los cinco años, y nuestro padre, como oficial comandante del Ejército en esa provincia cuyo nombre realmente es Espaillat, permaneció por algo más de un año y debido a un incidente con el gobernador Jacobo de Lara, hijo de Jacobo de Lara que había participado en el ajusticiamiento de Ulises Heureaux, Lilís, incidente que se desarrolló en un restaurant de chinos frente al teatro Maritza, donde compartían todas las autoridades de la provincia, motivó que Trujillo se trasladara al municipio cabecera en horas de la madrugada del día siguiente y luego de conversar con el gobernador y recibir a nuestro padre ordenó el traslado a la ciudad capital de manera inmediata.
Tan pronto nuestro padre llegó a Santo Domingo, en aquel entonces Ciudad Trujillo, y se presentó ante el jefe del Estado Mayor del Ejército que era Héctor Bienvenido Trujillo Molina, Negro, le fueron puestas las insignias de capitán; insignias de plata que eran las mismas que usaban los militares estadounidenses. Nuestro padre era capitán jefe de instructores del Ejército Nacional, sub-director del Centro de Enseñanza, ubicado en donde hoy está el Palacio Nacional, lugar de extraordinaria belleza del barrio de Gazcue, que se conoce desde los primeros años del siglo XIX con el nombre de La Generala, porque en ese lugar vivió Juan Sánchez Ramírez, el héroe de Palo Hincado y luego de su muerte quedó allí viviendo su viuda, a quien conocían con el nombre de La Generala. Papá comandaba, además de sus funciones la 25 compañía de infantería que era la unidad de armas auxiliares del Ejército Nacional. Era también comandante e instructor del Pelotón de Cadetes, integrado por jóvenes estudiantes.

