¡Haití, otra vez!
Hace aproximadamente 50 años, el autor de esta columna, comenzó a escribir colaboraciones en El Caribe y luego en el Listín Diario; más tarde en otros medios de comunicación, así como en el semanario del PLD, idea de Juan Bosch, el gran maestro político dominicano y de América. Hace 25 años más o menos, comenzamos a escribir en el periódico El Nacional, unos ensayos que tenían por título, “Los pueblos y su historia”, publicación dominical de gran aceptación que luego dejamos de producir y pasamos a escribir “Crónica del Presente”; en todos esos medios de comunicación escrita llegamos a la cantidad de quincuagésima novena publicación, que quiere decir 59, en las cuales el tema era lo que todavía hoy lleva el nombre de “Estado haitiano, que no lo es”.
La mayoría de ellas fueron sintetizadas, y algunas ampliadas y convertidas en un libro que se titula “Haití y la República Dominicana: un origen y dos destinos¨.
Este libro realmente es una recopilación de ensayos históricos, con un prólogo magistral profundo, juicioso, que honra al autor con los juicios de Manuel Núñez, que es un intelectual incuestionable del más alto nivel de nuestro país. Hoy en el inicio del siglo XXI, la situación del vecino conglomerado humano llamado Haití, después de haber sufrido un terremoto en el año 2010 que destruyó totalmente la ciudad capital, el pueblo haitiano ha llegado en términos generales a su peor situación.
Jovenel Moïse, el actual presidente de esa ilusión de República, ha declarado al hablar de su pueblo que “este es un país que se desgarró y fraccionó. Todo el mundo tiene un proyecto para salvar a Haití, pero se niegan a unirse para hacerlo”. Lo que en realidad significa que un pueblo desgarrado y fraccionado, como nación organizada, que no lo ha sido nunca, está en el mismo punto de partida a una desorganización total de consecuencias impredecibles.
Juan Bosch dijo con la responsabilidad que lo distinguía, que Haití era únicamente un conglomerado humano y Juan Bosch se despidió de la vida hace 18 años; lo que afirmó el presidente Jovenel hace pocos días es desgraciadamente la prueba de la verdad incuestionable, que hizo pública el gran maestro político dominicano. Recientemente la distinguida dama que está designada embajadora de Estados Unidos en nuestro país, Robin S. Bernstein, preocupada por la situación haitiana habló de la necesidad de acudir en ayuda a ese pobre pueblo, partiendo de una unidad de la Unión Europea, la República Dominicana y suponemos que además del país que ella representa, están Canadá y Francia; la primera que explotó a los haitianos como una colonia de esclavos y la segunda porque ahora viven cientos de miles de haitianos en su territorio.
La ayuda humana en todos los sentidos que nuestro país le ha brindado a los haitianos es incuestionable, y también como proveedores, en términos comerciales, de alimentos de toda naturaleza, vegetales y animales; casi en su totalidad lo que consume el pueblo haitiano se produce en territorio dominicano.
¡Otra vez Haití! Y faltan muchas Crónicas del Presente, para seguir analizando y razonando sobre el destino de los haitianos, conglomerado humano que gravita de manera permanente e invariable sobre el destino del pueblo dominicano.
Lo que más preocupa al autor de esta columna es el desorden descomunal que se manifiesta en las calles de Puerto Príncipe, con una violencia tan agresiva y permanente, que las improvisadas autoridades de ese conglomerado humano, no han podido detener. Esperamos que la preocupación de la embajadora estadounidense se haga realidad para que no se perjudique el presente y porvenir de este “Pueblo legendario, veterano de la historia y David del Caribe”.

