En nuestra columna anterior, al explicar las inigualables características de fertilidad de la isla de Santo Domingo, particularmente la extensión territorial que pertenece a la República Dominicana, que no hemos podido devastarla como ha hecho el pueblo haitiano con su hábitat, hablamos de los conocimientos extraordinarios de nuestro padre al que le oímos afirmar y decir cosas, hace mas de 60 años, que hoy son incuestionables verdades. Decíamos que había ingresado a la Policía Nacional Dominicana en el año 1924, que era el nombre que habían asignado a ese organismo militar, las autoridades de intervención estadounidenses y que después sería convertida en Ejercito Nacional. Nuestro padre era Sargento de esa institución a los 17 años de edad. En 1925 Rafael Trujillo Molina, ascendido a Teniente Coronel y designado Jefe de Estado Mayor Auxiliar de la Policía Nacional, fue trasladado a Santo Domingo como consecuencia de las gestiones y maniobras políticas de los cuñados de Horacio Vásquez, hermanos de su esposa, Doña Trina de Moya.
Trujillo ascendió a nuestro padre al otro día de su llegada a la capital a Cabo y en la tarde lo ascendió, otra vez, a Sargento. Nuestro padre estaba alfabetizado y además de leer y escribir, sabía escribir a máquina con cinco dedos de las dos manos. Era un militar de verdad, activo, ejecutivo, frontal y valiente. Para 1930 ostentaba el era rango de Segundo Teniente y era el más joven de los oficiales del Ejército, con ese rango, cuya lista ascendía al número de veintiún tenientes nada más. Después de 1932, cuando era instructor del Ejercito, se destacaba por las condiciones excepcionales que tenia para enseñar y siendo Primer Teniente fue el instructor de un numeroso grupo de jóvenes de buenas familias como se decía, que Trujillo ingresó al Ejercito con el rango de Segundo Teniente, En ese grupo estaban algunos que fueron personajes importantes en la vida del pueblo dominicano: Juan Tomás Díaz, Manuel R. García Urbáez (Billia), Porfirio Rubirosa, Juan Julio Morales (hermano de padre de Porfirio), Eduardo Barrera Vega, Adolfo Frapier Mallen (Boy) y uno de apellido Cocco cuyo nombre creemos que era César.
Este fue el grupo que llamó toda la vida a nuestro padre El Teacher. Acompañando a Trujillo, a caballo, porque era también un oficial de caballería, recorrió el país, de un extremo a otro, en diferentes ocasiones lo que le permitió tener una idea clara, precisa, de la riqueza y fertilidad de nuestra tierra. En 1942, siendo Capitán Comandante de la región Este de la República, domiciliado en El Seybo, iniciada la Segunda Guerra Mundial, el autor de esta columna le oyó decir, en varias ocasiones, a nuestra madre, después que regresaba de patrullar toda la región, desde la desembocadura del río Soco hasta Samaná, cuando Higuey y La Romana eran municipios de la provincia, que las playas más bellas el mundo eran las playas de la región Este y algún día alguien convertirá esas playas en un paraíso terrenal. Continuaremos

