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CRÓNICA DEL PRESENTE

CRÓNICA DEL PRESENTE

Euclides Gutiérres Félix

¡La epopeya incompleta! (XIII)
El domingo en horas de la tarde se planteaba la formación de una Junta Militar. El lunes 26, diferentes comandos regionales del ejército, en documentos públicos aparecidos en los periódicos ¨El Caribe¨ y ¨Listín Diario¨, ofrecieron su apoyo al Movimiento Militar y el retorno al gobierno Constitucional elegido el 20 de diciembre de 1962. Pero la oposición de la Embajada estadounidense, frente a las indecisiones de los jefes políticos del PRD, se endureció de manera tal que terminaron advirtiendo al Gobierno Provisional de las consecuencias futuras. Por último, invitaron a Molina Ureña a visitar la Embajada para discutir una salida a la situación. El traslado de los jefes civiles y militares al local de la embajada estadounidense fue un grave error político.

Ese paso no debió haber sido dado nunca, pues demostró la incapacidad de los constitucionalistas para hacer respetar, por propios o extranjeros, un gobierno que representaba la única y verdadera voluntad popular, como se había expresado en la elecciones del 20 de diciembre de 1962, ratificada en esos momentos de abril 1965 no solamente por el levantamiento militar de un sector mayoritario de las Fuerzas Armadas, sino también por las fuerzas vivas de la Nación volcadas a las calles en apoyo al Movimiento Constitucionalista, cerrando filas con los soldados y en actitud de luchar en cualquier terreno para imponer su voluntad.

La torpeza del embajador Bennett y de sus subalternos irritó e hirió la dignidad de los militares dominicanos que abandonaron la sede de la Embajada, la mayoría dispuesto a enfrentar las consecuencias. Confundidos esa noche buscaron refugio en la embajada de Colombia y otras embajadas de América Latina. Así lo hizo también la mayoría de los dirigentes perredeístas.

Pero en las primeras horas de la madrugada del 27 de abril, según nos relató el Coronel Caamaño Deñó, el Coronel Montes Arache, jefe de los ¨Hombres Rana¨ de la Marina de Guerra, y otros oficiales constitucionalistas al escuchar los disparos de las armas de fuego que comenzaban a llenar la ciudad capital del lúgubre sonido de la muerte, decidieron ¨no dejar solo a los muchachos y al pueblo¨ y salir a enfrentar a los enemigos del retorno a la constitucionalidad. La decisión de Caamaño Deñó, Montes Arache y los demás jefes militares devolvió a las masas revolucionarias una valiente, capaz y enérgica jefatura militar que les imprimió confianza en la victoria de la justa causa que defendían. Con el certero instinto de los pueblos, los combatientes civiles percibieron que los militares constitucionalistas eran patriotas dispuestos a conducirlos, sin importar los riesgos o la calidad y el poder de sus enemigos, por los caminos que en ocasiones anteriores los habían conducidos hombres como los republicanos y militares de 1844 o los Restauradores de la República en 1863.

La resistencia heroica del pueblo, que salió a las calles de Santo Domingo en apoyo a los constitucionalistas, dispersó las fuerzas de la policía desplegadas en todos los barrios, y cuando el embajador Tapley Bennett y funcionarios civiles y militares de la embajada intimaron a un grupo de dirigentes militares y civiles del movimiento, muchos de los cuales buscaron asilo en embajadas latinoamericanas, el pueblo y la tropa quedaron en las calles enfrentado a unidades de la policía dispersas que ofrecían resistencia por órdenes de la embajada estadounidense.
El martes 27 en horas de la mañana el país amaneció sin gobierno por que el presidente provisional, Rafael Molina Ureña, que se había instalado en el Palacio luego de juramentarse, y otros importantes dirigentes del PRD había buscado asilo. Continuaremos…

Por: Euclides Gutiérrez Félix

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