Opinión

CRÓNICA DEL PRESENTE

CRÓNICA DEL PRESENTE

Abril en la historia del pueblo dominicano, en términos históricos, es un mes de extraordinaria importancia. En muchas ocasiones  el autor de esta columna ha pasado revista a los acontecimientos y episodios de extraordinaria importancia que se han producido o iniciado en este mes, por lo regular hermoso por la naturaleza del clima de nuestro país, porque es el mes en el cual formalmente se inicia la primavera. Pero en la realidad, el episodio histórico más importante  es el que se inició en la mañana del 24 de abril de 1965. El levantamiento Militar Constitucionalista, organizado bajo la dirección política de Juan Bosch y la jefatura militar de Rafael Fernández Domínguez, fue la expresión patriótica,  valiente, revolucionaria y democrática, de un numeroso grupo de jóvenes oficiales del Ejército, la Marina y la Fuerza Aérea.

El derrocamiento del gobierno de facto del mal llamado triunvirato, que era realmente un gobierno de dos personas, estuvo más que justificado por la corrupción, prevaricación, desorganización y entreguismo, de quienes habían usurpado, con el apoyo del gobierno de los Estados Unidos, de la oligarquía dominicana y la Iglesia Católica, la dirección política de la nación cuando derribaron, el 25 de septiembre de 1963, el gobierno presidido por Juan Bosch, que con el apoyo del 60% de los votantes había sido electo el 20 de diciembre de 1962. El inicio de ese episodio anunciado a la 1:30 de la tarde del sábado 24 por el doctor José Francisco Peña Gómez, secretario de Prensa y Propaganda del PRD, a través de la frecuencia de Radio Comercial, en el programa Tribuna Democrática, abrió las puertas a un escenario que para América era totalmente desconocido.

El Movimiento Militar Constitucionalista del 24 de abril de 1965 tenía como objetivo inmediato el restablecimiento del gobierno, legítimo, que presidía Juan Bosch e imponer de nuevo la vigencia de la Constitución de 1963, la más democrática y avanzada de todas las constituciones, modificadas a partir de la de noviembre de 1844, que había regido jurídicamente la vida del joven Estado republicano, que habían concebido Juan Pablo Duarte y sus compañeros, que hicieron realidad la República de febrero de 1844. Opuesto frontalmente a esa expresión soberana del sector militar y político más avanzado de nuestro país, de imponer la razón de ser dueños de nuestro propio destino, el gobierno estadounidense, presidido por Lyndon Johnson, ordenó la intervención militar del territorio dominicano.

Fue entonces, a partir del 28 de ese mes, que América y el resto del mundo vio por primera vez a un pueblo americano, de hermosa y ejemplar historia militar, enfrentar al ejército de la nación más poderosa del mundo, bajo el mando de un admirable grupo de jóvenes militares, la mayoría de los cuales habían pasado por escuelas y academias de  Estados Unidos. Frente al Goliat agresivo, más que agresivo abusivo, el pueblo dominicano, llamado David del Caribe, enfrentó la soberbia injustificable del presidente estadounidense y del grupo de halcones que integraban su gobierno, que recibieron de manera inmediata las acusaciones y el repudio, por su actitud, de la inmensa mayoría de los pueblos del mundo. Continuaremos…

El Nacional

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