Opinión

CRÓNICA DEL PRESENTE

CRÓNICA DEL PRESENTE

La idea de Juan Bosch cuando abandonó las filas del PRD, en 1973, y como sabemos se lo comunicó a Antonio Abreu Flores, Tonito, y a otros compañeros, era la de fundar una organización política que en su conducta frente al pueblo dominicano fuera radicalmente opuesta a lo que era el PRD en ese momento, en el que todavía le quedaban, en términos generales, las bases institucionales de una organización democrática, que había sido fundada en 1939, tomando como modelo, entre otras fuerzas políticas que existían en Hispanoamérica, la del Partido Revolucionario Institucional de México,  PRI. Sólo un hombre con las condiciones excepcionales de un maestro político del más alto nivel como Juan Bosch, podía asumir una responsabilidad de tanta trascendencia.

Esas son algunas de las razones por las cuales, al concebir y escribir estas crónicas, hemos actuado con la intención prudente, serena y objetiva, de llamar la atención al futuro preocupante de la estabilidad y el desarrollo de nuestra sociedad, que será afectada como la mayoría de las naciones, por la grave y al parecer indetenible falta de alimentos que sufriremos, como se vaticina, en un plazo no mayor de dos años; en primer lugar, los pueblos subdesarrollados de Hispanoamérica, África y Asia. En nuestra columna anterior enumeramos productos agrícolas y pecuarios que se producen en el país y que, a nuestro criterio, representan, por lo menos, el 90% de lo que consume la población.

Hemos afirmado, sin exagerar o mentir, y citando los criterios de nuestro padre, quien se fue de la vida hace más de veinticinco años, que la fertilidad de esta parte de la isla que habitamos  permite producir alimentos para abastecer a más de 25 millones de personas. Además de la necesaria e inmediata obligación de aplicar los métodos modernos que la ciencia ha creado para ayudar la tierra y a la naturaleza, a producir lo que los seres humanos necesitan para vivir. Pero esta realidad necesita la ejecución de medidas de reordenamiento, respeto y disciplina, y utilizando métodos educativos en primer lugar, llevar a la conciencia de la ciudadanía el respeto a las leyes y a las decisiones gubernamentales, estimulando el regreso al trabajo agrícola y productivo, en otros escenarios, de un millón de hombres encaramados en motores “ejerciendo la profesión de motoconchistas”, que es profundamente lesiva a los intereses de la nación.

Consumen combustible, o mejor dicho gasolina, aceite, necesitan piezas de repuestos y llantas para las ruedas en que se sostienen sus vehículos, contaminan el medio ambiente, saturando avenidas, calles, carreteras, caminos vecinales y trillos, generando de manera diaria y permanente accidentes que cuestan la vida por lo menos a ocho o diez personas diarias, mujeres, niños y hombres, a lo largo y ancho del país. Y es necesario también advertir que un número muy elevado de esos motoconchistas, en la realidad de los hechos, son delincuentes y estamos conscientes que al hacer esa denuncia, en esa conducta de demagogia que viven los políticos dominicanos, entre ellos algunos de mis compañeros de partido, quedarán preocupados por lo que hemos afirmado categóricamente.

El Nacional

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