Opinión

Cronopiando

Cronopiando

El hombre que tenía fe  en sí mismo

Cuando aquel hombre, tras una travesía dura y larga, desembarcó en la tierra prometida con hambre de atrás y las manos cargadas de sueños por todo patrimonio, se acercó a un comercio de la ciudad y le propuso al dueño:

-Señor, yo quiero trabajar, y vengo a ofrecerle mis servicios por conocer este oficio y saber que puedo rendir una buena labor. De más está decirle que, al término de un mes, puede usted prescindir de mis servicios si así lo considera, en el entendido de que ninguna obligación contrae usted excepto mi salario, y yo de ninguna respondo que no sea mi trabajo.

El comerciante, que en un principio no parecía estar muy dispuesto a oír al recién llegado, escuchó atentamente la propuesta, impresionado sin duda por su serenidad y convicción, aunque tan favorable impresión no fuera suficiente como para contratarlo.

-Lo lamento pero no va a poder ser. No puedo permitirme otro salario y, además, en estos tiempos no necesito a nadie. Ya tengo varios empleados y son buenos y eficientes.

Lejos de desanimarse, el hombre insistió.

-En ese caso le voy a proponer venir un mes a trabajar sin paga. Yo nada voy a cobrar por mi trabajo y seguro estoy de que, en este comercio, alguna labor tiene mi nombre.

El comerciante, desconcertado, se disculpó alegando unos quehaceres pendientes y, sin atreverse a decirle que no, menos a asegurarle un imposible empleo, le pidió que volviera un día más tarde porque para entonces le tendría la respuesta.

Al día siguiente el comerciante lo contrató.

-He decidido aceptar tu segunda propuesta. Te puedes quedar aquí, si todavía lo deseas, trabajando durante un mes sin compromiso alguno por mi parte. ¿Estás conforme?

-Conforme y agradecido -respondió el desconocido.

Al tiempo que estrechaba su mano, todavía el comerciante quiso saber algo más.

-¿Y cuando llegue fin de mes… y te encuentres, tal vez, sin trabajo y sin salario, no lo lamentarás entonces?

-Sí que lo lamentaré… -contestó el hombre- lamentaré que usted tenga que despedir a otro para darme a mí el empleo.

Un mes más tarde, aquel comercio tenía un empleado más que nunca fue cualquier empleado.

Y lo fue durante muchos años, en los que cumplió con su trabajo, hasta que un día, el administrador del comercio le llamó a su casa y le dijo:

-Dice el dueño estar satisfecho con tu trabajo pero un nuevo diseño en el comercio ha cancelado tu empleo… a no ser que consideres aquella vieja propuesta tuya de trabajar gratis.

Aquel hombre, no sólo seguía teniendo fe en sí mismo, también disponía de otros hermosos caudales, como la autoestima y el respeto propio, y nada contestó.

Simplemente, siguió trabajando.

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación