Si a usted le dan un número de teléfono y le aseguran que al otro lado de la línea va a responderle su felicidad y que sólo espera por usted. Y usted llama y le dicen que se ha equivocado, que ahí lo que hay es un cementerio… ¿usted qué hace? ¿Vuelve a llamar?
Si a usted le aseguran que al otro lado de una puerta se encuentra su progreso, su desarrollo, y usted golpea la puerta, ya que no hay luz como para tocar el timbre, y a gritos pide que le abran mientras reitera los golpes, cada vez más fuertes, hasta que, finalmente, le abren y le cuentan que se ha equivocado de dirección, que eso es el manicomio… ¿usted qué hace? ¿Vuelve a llamar? Antes de que me responda que usted no es un idiota ni le gusta perder el tiempo de tan pendeja manera, permítame decirle que no es verdad, que usted y yo tenemos años llamando inútilmente a ese mismo número, a esa misma puerta. O lo que es lo mismo, que este pueblo tiene 40 años confiando en encontrar su progreso, su felicidad, su desarrollo, de la mano de los tres partidos que se han venido sucediendo en el negocio nacional y que, representando los mismos intereses, son los principales responsables de la quiebra moral y económica de esta sociedad. A su gusto queda, sin embargo, volver a renovar su confianza en esas tres desgracias, seguir llamando a ese teléfono, a esa puerta, en la vana esperanza de que vayan por fin a socorrerle quienes lo han conducido a la desgracia. A su gusto queda seguir pendiente de la convención de los blancos, de las posibilidades de los morados, del repunte de los «coloraos», de los votos emitidos y extraviados, de las urnas computadas y secuestradas, de las declaraciones de los tantos aspirantes a hacerse un sitio en la ubre nacional, de los muchos sinvergüenzas interesados en medrar en su nombre y en el mío, de los nuevos y los viejos liderazgos, tan parecidos que casi ni es posible distinguirlos.
A su gusto queda seguir confiando en que los mismos que han destruido el país, que lo han vendido y revendido, que nos han estado mintiendo y ofendiendo durante tantos años, que son los impunes responsables de los males que nos han conducido hasta el naufragio, vayan ahora a erigirse, también, en las soluciones.
Le aconsejo que si va a volver a equivocarse, al menos sea abriendo otra puerta, llamando a otro número, depositando su confianza en otro engaño, aunque sólo sea por variar.

