Koldo Campos Sagaseta
Nunca había entendido qué significa eso de los llamados delitos pasionales, tan en uso en algunos medios de comunicación en relación a la violencia machista, hasta encontrarme en estos días con el caso del senador por San Pedro de Macorís, Alejandro Williams, obviamente, otro apasionado más de la política.
Pero no es su vocación de servicio a los demás que lo ha llevado, incluso, a representar a una comunidad en la que no vive y en un Senado al que no asiste, su única pasión.
A juzgar por las denuncias de tres periodistas dominicanas, María Isabel Soldevilla, Margarita Cordero y Norma Sheppeard, el apasionado senador también ha resultado ser un apasionado de la amenazas.
Las tres comunicadoras recibieron la extraña visita de supuestos investigadores, detectives y agentes federales estadounidenses, cuya misteriosa identidad nadie parece dispuesto a confirmar, en interés de conocer, dada la intimidante pasión por la verdad de la visita, de qué modo las periodistas se habían enterado de posibles irregularidades del senador en relación a un fraude millonario al Medicare.
Tampoco su pasión por el teatro parece ser la única y pasional debilidad del senador macorisano con asiento en Estados Unidos.
En su apasionada defensa de su honorabilidad, el senador Williams manifestó disponer de un documento de Medicare en el que se confirma no haber sido ni estar siendo investigado por supuestas irregularidades, a pesar de que Medicare, al parecer, no tiene conocimiento de testimonio semejante.
Y ya la vicepresidente del Senado, Cristina Lizardo, una apasionada de las buenas maneras, manifestaba al respecto, recientemente, que no se trata de una situación cómoda, ni agradable y que pensaba que el caso estaba cerrado.
Cómo saberlo si, en su pasión por la discreción, las leyes federales dicen cuidarse de no afirmar ni negar nada mientras la investigación no se concluya.
En definitiva, posiblemente nos encontremos ante un presunto delito pasional.

