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 EEUU advierte sobre prejuicios racistas (y 2)

En los mismos días y en el mismo aeropuerto, como decía ayer, otra abuela argentina de 72 años que llegaba a España a visitar a su hija y sus nietos, fue detenida y deportada horas más tarde porque la carta de recomendación que tenía  no servía. Durante tres horas,  Luisa Ormeño fue detenida en una habitación, completamente aislada, sin comida y sin la medicación que requiere por padecer problemas cardíacos.

Si estos dos patéticos casos han sido recogidos por algunos medios de comunicación españoles, que no la mayoría, sólo se debe a la condición nonagenaria de las dos mujeres, blancas y de habla española, hijas al fin de la llamada “madre patria”. Hay que imaginar qué es lo que pasa con quienes ni comparten el idioma ni el color de la piel.

Y para quienes logren, finalmente, salir indemnes de los aeropuertos, la calle también se convierte en un nuevo riesgo que afrontar y en el que seguir acreditando todos sus derechos y documentos a exigencias del primer policía al que infundan sospechas un “sudaca de mierda” o un “puto negro”.

Todo ello mientras ciudadanos estadounidenses y europeos pueden viajar a Argentina, al Caribe o a cualquier exótico destino, sea para refugiarse como delincuentes o para hacer turismo. En ocasiones, hasta sin pasaporte. Y con derecho a indignarse si, llegado el caso, consideran que han sido irrespetados sus augustos derechos, como ocurriera con el ex vicepresidente y ex consejero de Justicia e Interior en la comunidad de Madrid, Alfredo Prada, del Partido Popular,  que hace dos años fue retenido unas horas en el aeropuerto brasileño de Sao Paulo, por amenazar y mostrarse violento con un funcionario que pretendió requisarle un bote de espuma de afeitar que, por sus características,  contravenía los procedimientos exigidos por la legislación brasileña para permitir su embarque, como guardar el recipiente con el líquido en una bolsa de plástico transparente. El político español, lejos de atender el pedido del funcionario, trató de cerrar su bulto dando por terminada la discusión, en actitud desafiante e irrespetuosa, lo que provocó que interviniera la policía.

Que la advertencia de la Oficina de Asuntos Consulares estadounidense está cargada de razón es más que evidente, pero se queda corta, muy corta. Por los mismos y por más graves motivos bien podía haber advertido a la población afroamericana, a cualquier otra,  del peligro de viajar a Arizona. Claro que Arizona queda demasiado cerca del Departamento de Estado.

El Nacional

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