Opinión

Cronopiando

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Gracias a lo medios de comunicación hoy conocemos el drama que están viviendo los 33  mineros chilenos, a 700 metros bajo tierra, en una mina de Atacama y a la espera de ser rescatados. Gracias también a los medios es que hoy desconocemos la tragedia que están viviendo los 50 mineros españoles, a 500 metros bajo tierra, en una mina de Palencia y a la espera de que se les paguen sus salarios.

Si como consecuencia de las infames condiciones de trabajo que esos mineros chilenos soportaban, la explosión que los enterrara  también hubiera provocado su muerte,  habrían sido noticia al día siguiente, reseña un día más tarde y, en el mejor de los casos, apunte el tercer día con motivo del funeral. Se habrían convertido en víctimas de otro desgraciado y habitual  “accidente” de la minería. De hecho, no hay que remontarse mucho para encontrar trágicos precedentes que han pasado desapercibidos. La impunidad con que operan los dueños de las minas es inversamente proporcional al espacio en el  que sobreviven los 33 mineros chilenos.

Afortunadamente lograron sobrevivir 17 días hasta hacerlo saber al exterior, y todos se han volcado en el caso. La televisión nos muestra sus rostros y los periódicos hasta revelan sus más íntimas preocupaciones, como la de un minero al que en la superficie esperan su mujer y su amante.

La selección chilena los recordaba en sus camisetas en partido que los mineros encerrados pudieron seguir con emoción, gracias a una tecnología que, si bien deberá esperar tres meses para rescatarlos, ya puede mantenerlos informados de los éxitos de su selección. Y la emoción, nos cuentan, sigue en aumento al saber que el jugador español Villa también se solidariza con ellos.

Cuentan los medios de comunicación que los balcones de Santiago de Chile se engalanaron con la enseña nacional y que los conductores hacían sonar sus bocinas jubilosos por saberlos con vida, que en todas las esquinas se cantaba el Himno Nacional.

El propio presidente chileno, Sebastián Piñera se ha deshecho en elogios por el temple que han demostrado los mineros encerrados: “Me siento más orgulloso que nunca de ser chileno”. Hasta encontró en la tragedia que viven mineros y familiares un oportuno ejemplo de la importancia de la unidad nacional: “Esto refleja lo que un país unido puede lograr”.

De los 50 mineros de Palencia encerrados a 500 metros de profundidad  en el Pozo Las Cuevas de Velilla, para que se les paguen sus nóminas pendientes, no se acuerda nadie. Ni un presidente que sepa valorar su temple y se sienta orgulloso de ser español, ni unos medios de comunicación que nos hablen de ellos. No se sigue su lucha por sobrevivir en pantallas gigantes instaladas en Madrid; no se cuelgan de los balcones banderas españolas en homenaje a quienes sólo luchan por defender sus derechos; ni futbolistas que los tengan presentes.

Sólo, eso sí, otro grupo de mineros de León, se ha sumado a la medida tomada por los mineros palentinos, y 14 mineros leoneses se han encerrado en el Pozo Casares, en Tremor de Arriba. Y algunos cientos de mineros andan en la calle … en medio del más absoluto y acusador silencio.

El Nacional

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