Articulistas Opinión

Cuando la guerra nos pasa factura

Cuando la guerra nos pasa factura

Orlando Jorge Villegas

A veces creemos que los grandes conflictos del mundo ocurren demasiado lejos como para afectarnos de manera directa. Pero no es así. En un mundo interconectado, una guerra en el Medio Oriente puede sentirse con fuerza en la cotidianidad de cualquier familia dominicana. Lo que hoy ocurre en esa región, con una escalada bélica de dimensiones alarmantes, no solo amenaza la estabilidad internacional; también golpea economías frágiles, altera mercados y genera una incertidumbre que termina pasándonos factura a todos.

El aumento del precio del petróleo por encima de los 115 dólares por barril, sumado al encarecimiento de su transportación, no es un simple dato para especialistas. Es una señal de alarma. Cuando sube el petróleo, sube casi todo. Suben los combustibles, sube el transporte, suben los costos de producción, sube la presión sobre los alimentos y sobre los bienes esenciales. Y en un país como la República Dominicana, que depende de factores externos para sostener buena parte de su dinámica económica, el impacto se siente con especial crudeza.

No hay que engañarse. Esta situación está obligando a las autoridades a revisar periódicamente precios locales en las gasolinas, el gasoil, y otros combustibles. Y cada reajuste tiene consecuencias concretas. Afecta al chofer, al comerciante, al productor, al emprendedor y, por supuesto, a la familia trabajadora que ya vive haciendo malabares para rendir el ingreso. Las crisis globales siempre terminan teniendo rostro local, y casi siempre ese rostro es el de la gente común.

El Gobierno dominicano tiene la responsabilidad y el reto de actuar con rapidez, prudencia y sentido estratégico. No se trata solo de administrar una coyuntura difícil, sino de proteger la estabilidad económica, preservar la confianza y evitar que un choque externo se convierta en una crisis interna de mayor escala. En momentos como este, gobernar implica anticiparse, comunicar con claridad y tomar decisiones que ayuden a amortiguar el golpe.

No sabemos cuándo terminará esta crisis ni qué nuevas tensiones podrían agravarla. Lo que sí sabemos es que la República Dominicana no está aislada del mundo, ni puede responder con pasividad ante una amenaza de esta naturaleza. La estabilidad económica, el desarrollo y la tranquilidad social no se defienden solos. Exigen conducción, firmeza y responsabilidad.

Porque cuando el mundo entra en crisis, los países pequeños no pueden darse el lujo de mirar hacia otro lado. Y porque, al final, toda guerra lejana termina llegando a casa, a través del precio de la incertidumbre.

Orlando Jorge Villegas
ojorge@jvmediagroup.com

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación