No nos extraña la actitud del superintendente de Salud y Riesgos Laborales. Él es una quinta columna metida en el tinglado pantanoso de la Seguridad Social, donde ha sido, eso sí, muy fiel a sus intereses primarios enclavados en el sector privado. Proveniente de la nómina bancaria, ha sido siempre complaciente a las ARS privadas, y de vez en cuando lanza uno que otro dardo envenenado para desmeritar el gran esfuerzo que hace Senasa por mantener a flote el Seguro Familiar de Salud.
Ahora mete también en el lodo a la ARS Salud Segura, la otra ARS pública que ha logrado sobrevivir a pesar de que este y el otro Superintendente le sustrajeron el 70% de sus afiliados para ponérselos en bandeja a las ARS privadas con aquella interpretación antojadiza del artículo 165 de la Ley 87-01.
El flamante funcionario, con un sueldo mensual que ronda el medio millón de peso, y más del doble de eso en beneficios marginales, suelta su informe malicioso, sin tomar en cuenta que el caso iba a ser discutido por el CNSS y peor aún, para ponerse donde el capitán lo vea le envía una copia al presidente electo como quien dice Déjeme aquí, que yo si soy eficiente.
La Sisalril, también ha ido contra la ARS de la UASD, la del Colegio Médico, la de las enfermeras, pero es poco diligente con una decisión de la Suprema Corte de Justicia que obliga a devolverle todos los empleados públicos a Senasa. Ese es el descreme de que se habla. Es muy bonito que sus preferidas aseguren el riesgo de personas jóvenes, con buenos ingresos, mejor cuidadas y que además pagan planes complementarios y dejarle el hueso a Senasa con los pobres, los viejitos y los cargados de enfermedades catastróficas.
Nunca me preocupé cuando vi las declaraciones. Sé lo que hacen en Senasa y en Salud Segura, pero sé más las cartas con que juega el jefe de la Sisalril, las que seguro no jugará Cuando sea presidente.

