Ciertamente, luce ser que no es ya presidente quien fuera los pasados 8 años nuestro amo y señor; a pesar de todo el poder que aún retiene, gracias a las componendas, amarres, compra de conciencias y el dinero, mucho dinero, se aprecia ya, en el mesías, algo humano. Definitivamente, no es ese dios que se cree y que nos quiso meter entre ceja y ceja a todos sus súbditos, a pesar de que en su alocución presidencial, de la semana pasada, nos recordó lo malagradecidos que somos, y de paso mostrarnos, enseñarnos, orientarnos, educarnos sobre que lo mal usado no fue robado, sino que se utilizó para servirnos, para ayudarnos a ser menos chusma, menos claque, menos vasallos; en fin, menos moscas que osan retar águilas.
Sin embargo, las espontáneas manifestaciones populares que lo enfrentan y están sacando a la luz pública parte de las indelicadezas cometidas en su reinado, han sido contundentes y lo han obligado a responder, a bajar del pedestal en que se subió, gracias a su superioridad, a que solo él sabe conceptualizar, y valerse del gran poder mediático que compró, para, rememorando aquellas odas trujillistas de reafirmación cristiana, recordarnos que él es el mejor, que aunque no sea el presidente por simple formalidad, es algo mejor que eso y, cual esclavos, debemos reverenciar su sola presencia.
Ahora recibió aquellos peregrinos que cuando era presidente no quiso ver, ahora pasa factura a todos los que hizo, gracias a los fondos públicos, multimillonarios, para que le organicen actos en los que le reafirmen que sigue siendo el ave fénix, el alfa y omega, lo mejor de lo mejor, aunque por simple formalidad ya no sea el que firme los decretos.
Pasé por el juicio del parque La Lira. Seguí los de San Francisco y Mao, son excelentes mecanismos sociales para condenarlo moralmente, pero déjenme proponerles otra forma en la próxima de Cuando Sea Presidente.

