Comunicarse por teléfono con una compañía telefónica, una empresa de cable, un banco comercial u otra institución de servicios constituye una verdadera odisea para los clientes, en la República Dominicana.
Pagar una factura por teléfono, pedir una información sobre los servicios que ofrece la empresa, reportar una avería o hacer una reclamación, constituye una acción traumática, que atenta contra la dignidad humana.
Las quejas llueven entre los ciudadanos.
Una persona suele perder hasta media hora de su tiempo con el auricular en las manos, tratando de establecer contacto con el operador de teléfono de una compañía de servicios.
Tan pronto el cliente marca el número de teléfono debe esperar varios minutos, dependiendo de cuán grande sea la empresa, hasta que una grabación lea una cantidad interminable de extensiones telefónicas.
En muchos casos, cuando el cliente se comunica con el operador y plantea su caso, debe soportar pasar por cuatro y cinco empleados más, sin que nadie resuelva su problema.
Suele suceder que, en el cambio de un operador a otro, se caiga la llamada y la persona, ya desesperada, tiene que reiniciar el proceso y repetir la misma peripecia.
La situación es más traumática en las llamadas horas pico, que se extienden desde las 8:00 de la mañana hasta 4:00 de la tarde, tiempo en el que las líneas están muy congestionadas.
Todos los operadores están ocupados. Espere en línea que un representante le atenderá, responde una grabación al desesperado cliente.
Con frecuencia, cuando consigues comunicarte con el empleado éste te dice espere un momento, por favor y vuelve al teléfono cinco minutos después.
Sucede a pesar de que las empresas estimulan a los clientes a que usen el teléfono para realizar sus operaciones.

