Editorial

¡Cuidado!

¡Cuidado!

La Cámara de Diputados  aprobó ayer de urgencia,  en dos lecturas consecutivas, el proyecto de ley que autoriza usar fondos de pensiones para la construcción de viviendas, lo que significa que parte del  ahorro de trabajadores y empleados iría a una canasta de inversión riesgosa, administrada por  el poder político con un marco jurídico y de fiscalidad aún  impreciso.

Aunque el proyecto  retorna al Senado de la República, en razón de que  sufrió modificaciones en la Cámara Baja, no hay dudas de que será convertido en ley por la mayoría oficialista y porque cuenta con  respaldo, cuestionable, de la banca múltiple y del sector financiero mutualista.

Autores y padrinos de tal iniciativa deberían estar conscientes del compromiso que asumen al disponer con carta abierta de un patrimonio que significa  garantía de retiro digno de  centenares de miles de  ciudadanos que por muchos años han entregado su vida laboral a la creación de riqueza social y de plusvalía a sus empleadores.

Razones sobran para temer que  la Ley para el Desarrollo del Mercado Hipotecario y el Fideicomiso no resulte del todo segura para  que órganos públicos y privados dispongan de recursos del Fondo de Pensiones sin  riesgos de  pérdidas o degradación de  capitales, aun cuando se afirma que los proyectos  de viviendas que se levantarían con esos dineros estarían dirigidos a trabajadores y empleados.

En República Dominicana no hay  antecedentes jurídicos sobre  manejo por parte de instancias oficiales  de  fondos de pensiones, aunque  sobran los antecedentes sobre  quiebras de bancos creados para administrar recursos de la seguridad social o ahorro de servidores público y privado.

Se conocen casos  catastróficos o traumáticos de quiebras  de  sistemas de  pensiones, cuyos fondos fueron mal administrados o invertidos, razón por la cual las legislaciones de garantía y protección de esos dineros son cada vez más rígidas y confieren a los ahorrantes mayor control sobre  sus  depósitos.

La modificación  hecha al proyecto de ley por la Cámara de Diputados consiste en  designar al Ministerio de Obras Públicas como administrador de un sistema de Ventanilla única que operaría todo lo relacionado con la inversión de esos fondos, pero los Ayuntamientos reclaman tener control sobre el destino de  un patrimonio que debería tener la condición de inalienable e inajenable.

Sobre el Gobierno, Congreso, sector financiero y  clase política recaerá  el fardo de responsabilidad histórica si por ambiciones desmedidas o aventurerismo político se pierde siquiera un centavo de los más de cien mil millones de pesos acumulados en los fondos de pensiones, que representan toda una vida de sacrificio de trabajadores y empleados y la garantía de un retiro decente.

El Nacional

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