Pájaros de papel, de Emilio Aragón, actor cómico y que entrega con ésta su primera experiencia, dando al público el disfrute de una excepcionalidad fílmica digna de cuanto elogio pudiera recibir. Una película noble y desgarrante, tierna en sus detalles, buenas actuaciones, ambientada con exquisito gusto y anti-franquista como ella sola. Justo ahora, en esta España de derechas.
La consideración general de la crítica ha sido unánime. Buscando en su propio mundo, Aragón produce una historia muy personal, algo que le afecta profundamente y que tiene que ver con una profesión que ha conocido desde pequeño: la de cómico.
Imanol Arias, figura legendaria de un cine español que se reveló comprometido desde el principio, es el sostén actoral, la línea firme que une en base a una personalidad fuerte y tierna todo el entramado.
La crítica española Nuria Vidal sostiene No era sencillo convertir en película un deseo tan profundo sin correr ciertos riesgos. Este es el punto más interesante de estos Pájaros de Papel: el riesgo. El riesgo de hacer una película tan a contracorriente, tan antigua que acaba siendo moderna. Tantas veces contada y sin embargo siempre nueva. Una historia de amor y de aprendizaje, de solidaridad y amistad, de tristeza y felicidad. Existe una idea preconcebida de que el cine moderno es aquel que rompe reglas. Pero no nos damos cuenta de que esta modernidad acaba siendo una nueva forma académica que se repite una y otra vez. Y en cambio, nos sorprende ver cómo una película nacida en la industria, con vocación popular, con ganas de recuperar una parte del pasado sin caer en tópicos ideológicos, bebe del clasicismo de su puesta en escena para conseguir sus objetivos: ser un homenaje y emocionar al espectador. Pájaros de Papel, es un filme atípico y muy sincero.
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Por su parte, el ensayista Carlos Lozada sostiene que Emilio Aragón cuenta con un equilibrado guión, suyo y de Fernando Castets, y sobre todo con un conjunto de actores que parecen en estado de gracia, no ya por la verosimilitud que confieren a sus personajes, sino por el entendimiento de una época y unos acontecimientos que parece que mismamente los están viviendo.
El elogio va, personalmente, y en primer lugar para Luis Homar, que tiene la valentía de darnos su condición sexual con la caricia de un dedo y su madurez moral con el trato a los demás por simples miradas o abrazos entrañables. Imanol Arias tiene la facultad de hacernos olvidar de los Alcántara y sus números, con Homar son tan alegres como inocentes y sentidos.

