Opinión

Cultura en sábado

Cultura en sábado

Tulio Cordero, poeta

y sacertode

Resulta inútil y difícil escribir y hablar sobre poesía sin poesía encendida en el candelabro:

 

“Una hoja

duerme

sobre su propia sombra.

Sin más ropaje

que su desnudez.

Tirita”.

 

El haiku lo escribe un poeta exquisito, cura para más señales; Tulio Cordero, quien siendo sacerdote, pocos hombres sobre la faz de la tierra han tenido una vida tan apasionadamente vivida como el cura y poeta intimista Tulio Cordero.

Lo conocí hace muchos años cuando era el rector de la oficina de Superior de la Congregación de los Padres Paúles para el área del Caribe, mientras afanaba con una creación poética tan singular como valiosa, proviniendo de un ministro de la Iglesia.

Nada que ver con narrativa escandalosa.  Cordero era mucho más que un oficiante de la misa. Era entonces, condición que se ha incrementado con el tiempo, un poeta de mirada interior, del ensayo iniciado en la observación de lo minio, en el canto al amor de superiores alientos.

 

Me ha alegrado sobremanera  la puesta en valor de su  obra y vida  que ha  acometido el narrador Luis Martín Gómez, quien nos lo descubre integro e inédito por medio de la entrevista que trabaja inicialmente para la televisión en uno de los escasísimos espacios de  temática literaria (recordemos que todos los programas de televisión y de radio son culturales).

 

Luis Martín, un escritor tan generoso como para promover y exponer la obra de otros creadores y creadoras, se constituye en un gestor y mecenas mediàtico de la producción poco conocida de seres que, como Tulio Cordero, no disponen del tiempo para tomar cafe en la peatonal El Conde.

Luis Martín permite que nos adentremos en los vericuetos y travesías de este poeta uniformado, de quien dice:

“Antes de morir de burocracia en su oficina de Superior de la Congregación de los Padres Paúles para el área del Caribe, el sacerdote y poeta Tulio Cordero sorteó cientos de peligros en la selva de Papúa, Nueva Guinea, en misión evangelizadora.

No fue extraño que aceptara ese reto. Tiene antecedentes heroicos, como haber sido el primer padre paúl de República Dominicana, y es poeta, cualidad que le aporta una cuota de irracionalidad suficiente para cometer deliciosas locuras.

Así que un buen día salió con mochila y sandalias de una triste parroquia de Los Mina, donde la mezquindad eclesiástica lo había confinado por parecerse demasiado a Cristo, y huyó hacia los montes de Oceanía a compartir con los papúes la esperanza de la salvación.

“Claro que un poeta de la sensibilidad de Tulio Cordero no podía sustraerse del poderoso influjo de la selva, y allí, en las pausas de las misas y la docencia, el bosque le fue dictando, con su lenguaje de savia y luciérnagas, poemas que él agrupó en un libro que es su cuarto poemario: La noche, las hojas y el viento.”

La poesia de Tulio Cordero es intensa y sentida. Vale por el poeta.

El Nacional

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