¿Alguien tiene conciencia de que los premios que otorgan los seres humanos a los seres humanos tienen un valor tan relativo como las corrientes de viento que cambian a cada momento?
¿Alguien sabrá que los premios y las nominaciones tienen valor en un momento determinado, pero que nada tienen que ver con la validez real del peso y consistencia de una labor artística?
¿Habrá algún artista con la suficiente sapiencia para entender que el acto de justicia de una nominación, o la injusticia de una no nominación, al final del camino, en nada pueden consagrar una trayectoria?
Desde luego que ser nominado o nominada, y finalmente ser premiado o premiada, implican un necesario acto de justicia para quienes tengan la suerte de estar en el universo de los nominados y en este sentido, el Premio Casandra, (única premiación nacional al arte) cumple con una labor que no siempre cuenta con la comprensión ni la tolerancia suficientes como para aplaudir con entusiasmo cuando se nomine a los artistas, aún cuando sus nombres no aparezcan en las preciadas cinco casillas.
El veredicto que establece las nominaciones de los Premios Casandra ha sido dado y frente al mismo, las reacciones han sido las mismas de siempre.
Por un lado hay agradecimiento de parte de quienes figuran en las casillas de nominación: esos artistas consideran que los cronistas votaron con justicia, conocimiento de las artes populares y clásicas y el plano de la comunicación,
En el área de quienes no fueron nominados hay dos grandes bloques de reacciones: protestas de quienes no aparecen en ellas (con razones o sin ellas para estarlo) y que pueden incluir posturas racionales (como la de manifestar su extrañeza o inconformidad, con todo su derecho) y quienes, con una indignación basada en una auto-conciencia pagada de si misma y en algunos casos estimulada por una actitud de auto-mercadeo y que aprovecha la oportunidad para proyectarse. La proclamación final de los desacordados es decir mi nominación es la aceptación.
También se da el caso, entre los no nominados, que tienen la condescendencia de entender que el derecho de elegir y votar de los cronistas de arte, es eso: un derecho soberano y en consecuencia, y aún cuando consideren que debieron estar, guardan un respetuoso silencio y humildad.
El Premio Casandra es un patrimonio del país como acto de justicia colectivo al arte. En tanto premiación humana nunca será completa, siempre faltarán nombres y trayectorias. Siempre aparecerán algunos que al tono del justo subjetivo de cada quien, no debieron haber estado.
El Casandra, no sería el Casandra sin estos espectáculos, reacciones y pataleos (legítimos desde la óptica de quienes se consideran afectados) pero que, en el final del camino, ratifican la importancia del premio.
Que la justicia en el arte sea hecha y que la selección final, sea la mejor.

