Desde hace un buen tiempo cumbres como la de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños que se acaba de celebrar en Chile han devenido en encuentros propios de la crónica social.
De los eventos no sale nada concreto y los discursos, limitados a siete minutos, por lo regular son un mero ejercicio de retórica. Por el ejemplo, el presidente dominicano Danilo Medina se permitió aconsejar a los países que conforman el grupo a que impulsen las economías de sus pueblos.
Pero no expuso la fórmula ni acompañó el consejo de estadísticas que en el caso de República Dominicana sustentaran su recomendación. Recurrió a los modelos de Lula da Silva, en Brasil, y de Cristina Fernández, en Argentina.
Lo de Argentina es muy discutible por todos los problemas que tiene su economía e incluso hasta sus propias estadísticas son cuestionadas por el FMI. Pero en los foros se expone y se aplaude. Y luego todo queda en el olvido. Ojalá la de Chile sea la excepción.
