La iniciativa presidencial de convocar a las fuerzas vivas la nación para tratar de enfrentar la crisis que ya ha comenzado a golpear nuestra economía, ha concitado un gran interés y se da por seguro que, salvo muy pocas excepciones, los sectores político, empresarial, comercial, religioso y social, van a responder positivamente al llamado.
La máxima aspiración y lo deseable, es que la totalidad de los invitados haga acto de presencia en el lugar, día y hora indicados.
Pero habría que ser muy ingenuo, para creer en la asistencia del ciento por ciento de los llamados.
En mi columna anterior dije, y vuelvo a repetirlo, que la elaboración de la agenda es una responsabilidad de quien convoca.
El Presidente decidió no hacerlo, y creo que hizo uso de un derecho. Les corresponde ahora a los invitados y al anfitrión, entre todos, ponerse de acuerdo en la preparación de los temas a tratar.
Como se ha pedido a cada uno de los invitados presentar una relación de 5 puntos, y parece que la convocatoria ha sido muy abierta, se corre el riesgo de que esto se constituya en una de las dificultades para la preparación de la agenda definitiva.
En ánimo de facilitar las cosas y de lograr la armonía entre los participantes, y aún a sabiendas de la necesidad de limitar la agenda, se me ocurre, a manera de sugerencia, proponer las reflexiones siguientes:
Los puntos de las agendas individuales más afines, pueden fusionarse. Esta fórmula no podrá aplicarse, sin embargo, a los puntos disimiles.
Hay que contar, además, con el ego de las presentes, que tratarán de hacer valer sus iniciativas, y éste es un aspecto que debe ser tratado con suma delicadeza.
Entiendo que la cumbre ha sido motorizada por la urgencia de la crisis económica, independientemente del deseo de muchos de incluir otros temas importantes, que se pueden ejecutar en el mediano y largo plazo.
Siendo así, y para ganar tiempo, lo más pertinente es dividir la agenda en tres partes o bloques.
En una primera parte, agrupar los puntos vinculados directamente con la crisis económica y financiera, que por ahora es lo más apremiante.
Después, acordar y fijar una agenda de mediano plazo, a ejecutarse después de concluida la primera parte.
Y, por último, en el largo plazo, la cumbre deberá aprobar una tercera agenda, en la cual deberán aparecer los proyectos de infraestructura y los que requieran de una mayor inversión de capital.
El plenario de la cumbre, establecerá el periodo tentativo de ejecución de cada una de las tres agendas.
Este modelo de agenda es la mejor forma de incorporar el mayor número de propuestas, y de ampliar la base de sustentación de los acuerdos a que se pueda arribar en la cumbre.
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