GREEN TREE, Pensilvania, EE.UU. AP. Antes de matar a tres mujeres y herir a nueve más en el salón de aeróbicos de un gimnasio cerca de Pittsburgh, el pistolero se detuvo a apagar las luces.
Eso mostró su cobardía, dijo el sábado el sacerdote a cargo del funeral de una de las víctimas, Elizabeth «Betsy» Gannon.
«Porque de eso es de lo que se trata el mal: la cobardía. El mal no puede funcionar de ninguna otra manera más que en la oscuridad», dijo el sacerdote Francis Murhammer a unas 200 personas en la iglesia de Santa Margarita de Escocia en el suburbio de Green Tree, al sur de Pittsburgh.
El atacante, George Sodini, era un hombre solitario y amargado que no tenía suerte con las mujeres. El martes mató a balazos a Gannon, Heidi Overmier y Jody Billingsley para luego suicidarse.
El funeral de Overmier también fue el sábado, en la Primera Iglesia Metodista Unida de Bridgeville, a menos de dos kilómetros del gimnasio L.A. Fitness Center donde ocurrió el tiroteo.

