Opinión

Curiosidades electorales

Curiosidades electorales

Las elecciones pasadas derrumbaron unas cuantas reglas y teorías,  incuestionables hasta entonces. Sus resultados contienen datos curiosos que deben llamar la atención de políticos y estudiosos de estos asuntos. Si a este cuestionado sistema de partidos  aún le faltaban algunos resquicios por abrir o explorar, la experiencia reciente los acaba de aportar de la manera más dramática. ¿Y cómica talvez?

El Partido Reformista venció los peores augurios, alcanzando el 5.87%,  a un costo sumamente elevado. Recibió de la Junta Central Electoral [JCE] 579 millones de pesos y apenas obtuvo [¿?] 266,461 votos, que costaron al Estado 2,172 pesos cada voto.  Pero, ¡asómbrense!, en los comicios del 2010, cuando el PRSC fue subsidiado por la JCE con apenas 27 millones de pesos, consiguió 291,965 votos, el 7.12%. Es decir, con menos de la veintésima parte del monto embolsado en el 2012, alcanzó en el proceso del 2010,  25,504 más que ahora. ¿Algo qué celebrar en este momento?

La cuarta posición lograda por un partido  con una dirigencia menos acreditada aún es, sin embargo, el caso más relevante   y digno de estudio. No referimos al Partido Movimiento Democrático Alternativo, MODA, que computó 91,815 sufragio para el 2.02%, por encima de famosas figuras y agrupaciones bien “posicionadas” en el mercado político local.  Sales a preguntar qué significan esas siglas, quién las preside, y nadie te sabe responde de manera afirmativa. Su presencia en los medios y la publicidad fue muy escasa, para no decir nula. Estamos partiendo, por supuesto, de premisas serias, fuera de conjeturas y especulaciones, que siempre las hay. 

El fenómeno más preocupante es el que le resta poder a la calle, que creíamos el más efectivo  instrumento de expresión y medición de la voluntad popular. No pocos analistas y encuestadores al servicio del candidato del PLD habían admitido su temor frente a la avasalladora fuerza del candidato del PRD en las calles.

Un viejo amigo, ducho en estas cuestiones, me reveló una semana antes de las votaciones que el PLD no tenía nada que buscar en las calles, indicando que ese espacio siempre ha sido del PRD. “Pero en la calle no se gana,  Eduardo”, me advertía, tajante, ese amigo. ¿Y dónde se gana?  “El día de las elecciones, en los centros de electores”, respondió, zorruno y socarrón. Interpreto que habrá admitido, en cierta forma, que tampoco sus estudios sirven para nada. Porque, ¿adónde hace un encuestador  su trabajo de campo si no es en la calle?

Asusta sacar algunas conclusiones objetivas y crudas de estos detalles. Tendremos que admitir penosamente que, por lo visto, el sistema electoral vigente deja poco espacio al debate formal y al libre juego de la ideas. Todo se decide, con dinero,  en las doce horas asignadas para ejercer el sufragio. Para ser más precisos, en las seis restantes, después del mediodía. Entonces, ¿para qué, carajo, gastar tanto dinero y esfuerzo, antes de ese día, si de eso se trata?

El Nacional

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