Respeto mucho a la doctora Milagros Ortiz Bosch, como dama y persona de cierta edad, pero desapruebo en lo absoluto su candidatura a senadora por el Distrito Nacional, por la sencilla razón de que no tiene nada que ofrecer.
Estaba a la espera de la oferta que haría doña Milagros al electorado capitalino (un electorado mayoritariamente joven). Se destapó recientemente diciendo que sometería proyectos encaminados a fortalecer el sistema educativo dominicano. ¡Válgame Dios!
Es decir, está ofreciendo aspectos que pudo hacer en el pasado y no hizo.
¿Por qué no sometió esos proyectos durante las dos oportunidades en que fue senadora por el Distrito?
Más aún: ¿Por qué no diseñó y aplicó esos proyectos durante los cuatro años que estuvo en la Secretaría de Estado de Educación?
Pero también, se me hace difícil comprender a Ortiz Bosch al dirigir ataques contra el famoso barrilito, por tratarse de un privilegio que no es nada nuevo.
El barrilito simplemente es el nuevo nombre de las fundaciones que en el pasado tenían los senadores, por las que percibían recursos ascendentes a cientos de miles de pesos.
No lo digo por doña Milagros, pero no recuerdo que ningún senador (a los senadores de esos tiempos me refiero), haya rechazado esos recursos ni los haya destinado a instituciones dedicadas al cuidado de discapacitados, ancianos o niños huérfanos y que deambulan.
¡Nada!
Los candidatos a puestos legislativos y municipales no deben de subestimar la inteligencia del electorado.
Su discurso debía de estar en consonancia con la práctica exhibida, para no caer en contradicciones, que, electoralmente, podrían resultar desfavorables.

