Analizan posibilidades de una extensión de contrato para el toletero dominicano por parte de los Medias Rojas
VERSION R. COMARAZAMY
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BOSTON (Del Boston Herald).- ¿Por qué alguien podría sorprenderse de que David Ortiz esté lloriqueando acerca de un nuevo contrato mientras el viejo todavía está en vigor? Él está como el cómico de vodevil que se mantiene con la misma broma de una ciudad a otra, año tras año – “Acabo de regresar de un viaje de placer: Llevé a mi suegra a la estación de tren»- la única diferencia es que su gira se limita a una sola ciudad: Boston.
Y en vez de actuar en el Old Howard o en el Orpheum, el acto de Big Papi se limita al Fenway Park. Y a los clientes les encanta.
¿Y por qué no habrían de ser así?
Él ayudó a los Medias Rojas a ganar tres títulos de Serie Mundial.
Es uno de los grandes bateadores oportunos en la historia del juego.
Su trabajo filantrópico está por las nubes.
Y él habló con nosotros y para nosotros, en ese soleado sábado de abril en el Fenway Park, justo unos días después de los atentados del Maratón de Boston.
Estas son las partes del acto que nunca envejecen. Su frase más grande -«Esta es nuestra (palabrota) ciudad!»- va a vivir para siempre. Pero es cuando Ortiz escenifica su campaña anual por el contrato que el acto se hace viejo y cansón. Y tal vez ese es el punto clave: Ortiz finalmente se pondrá tan viejo y tan cansado que no podrá jugar más, y ahí es cuando el dinero dejará de rodar.
Oh, él va a hacer palo en la televisión, si decide ir en esa dirección, a lo Nomar Garcíaparra y Kevin Millar, y podrá estar seguro de que siempre tendrá un lugar con los Medias Rojas para ser asistente especial de una cosa u otra. Y va a ser muy bueno en eso, así como Pedro Martínez lo es.
¿Pero millones? ¿Para ser un jugador de liga grande? No. Él es un hombre cuyo certificado de nacimiento se está convirtiendo en una trampa para osos, y cada año los dientes muerden más y más profundamente en su carne. Tarde o temprano – Ok, no más tarde, sino temprano – el va a ganarse la vida contando chistes en la televisión junto esos toscos muñequitos cabezones. O va a estar en los entrenamientos de primavera trabajando con los bateadores de ligas menores por la mañana y jugando al golf con los grandes anunciantes en la tarde.
Ortiz es un hombre muy, muy inteligente. Reconoce que sus años de máximos ingresos están llegando a su fin, que es por lo sigue pidiendo más, se mantiene lloriqueando, continúa dándole temas a los escritores de béisbol.
Y no puedo dejar de lado que este sentimiento se debe a una cosa, y presten atención porque es importante: Cuando todo haya terminado, Ortiz quiere recibir el pago de un año completo sin jugar.
Dejen esa tontería de entrar a una temporada con sólo un contrato de un año. ¿Qué pasa si Ortiz entra en la temporada de 2014 con sólo un año restante en su contrato y todo va mal? ¿Y si se desgarra un músculo o se quiebra un hueso o simplemente se rebaja hasta el grado de que no puede batear más?
Si alguna de esas cosas ocurriera, la próxima época de receso él sería un hombre de 40 años de edad, sin un contrato. En ese punto, él o tendría que retirarse o firmar un acuerdo estructurado de tal manera que tendría que poner los números para ganar la masa.
Una forma de Ortiz evitar esa trampa es siempre tener un año pendiente de contrato más allá de la temporada que está a punto de jugar. ¿Ustedes han visto a esos chicos que cantan en el comercial de los seguros State Farm y el hada madrina aparece por arte de magia? Sería como eso para Ortiz: Si se lastima, él sólo canta un jingle – o tararea «Estoy camino a Boston», y el gerente general de los Medias Rojas, Ben Cherington aparece mágicamente con un cheque por $15 millones.
Oigan, no es que no sucediera antes. Curt Schilling logró que los Medias Rojas le dieran un contrato de un año después de la temporada 2007, y luego nunca lanzó en otro juego y el resultado fue un bonito paracaídas con $ 8.000.000 mientras se rehabilitaba de una lesión durante la temporada 2008. Hizo un par de viajes con el equipo, pero, vaya, nunca estuvo lo suficientemente sano como para entrar en un juego.
Pero los cheques siguieron apareciendo, aunque Schilling no lo hizo. Y no lo culpen: Él pidió, y el entonces gerente general Theo Epstein accedió.
Esos días han terminado. Parte de la razón por la que los Medias Rojas ganaron la Serie Mundial en el 2013 fue que la gerencia fue inteligente. Y aunque ganar a veces puede emborracharte, no debe embrutecerte.

