Al momento de escribirse este artículo el Congreso de los Estados Unidos está en proceso de aprobar una reforma fiscal en ese país que, entre muchas otras disposiciones interesantes, va a recortar el impuesto sobre la renta para corporaciones de 35% a 21%. Si la situación fiscal del Estado dominicano necesitaba atención inmediata mediante el Pacto Fiscal antes, ahora esa necesidad se ha tornado mucho más urgente.
Para bien o para mal, los países compiten entre ellos para la atracción de inversiones por medio de sus políticas fiscales. La lógica detrás de esto es que las leyes tributarias simples y con tasas bajas tienden a hacer más atractivos a los países para potenciales inversionistas, lo que a su vez se traduce en crecimiento económico y empleos. Por eso el Estado dominicano mantiene regímenes fiscales especiales en turismo y zonas francas, por eso Irlanda sigue creciendo por encima de la media de sus pares en la Unión Europea y por eso existen los paraísos fiscales.
Dicho lo anterior, si Estados Unidos ejecuta su reforma impositiva, este pasaría a tener su tasa de impuesto sobre la renta sobre las corporaciones en el punto más bajo desde 1940 en un 21%. El equivalente impositivo en República Dominicana es el Impuesto Sobre la Renta de Personas Jurídicas que actualmente está en 27%. Sin tomar en consideración los riesgos inherentes a invertir en nuestro país (corrupción, monopolios, carteles, tráfico de influencia, inseguridad jurídica, etc.), ya nuestro ISR nos está poniendo en severa desventaja.
Hablar de una reducción del ISR a las personas jurídicas va a representar un enorme sacrificio para el Estado, puesto que las recaudaciones por ese concepto son una notoria proporción de los ingresos fiscales. Lamentablemente no me luce que la tasa en 27% sea sustentable a largo plazo ahora que se suma la presión desde el vecino del norte, por lo que puede que el Estado no tenga muchas alternativas.
Si el Pacto Eléctrico nos sirve de indicador, el Pacto Fiscal luce que sería un parto mayúsculo que tomará mucho tiempo del cual el país no dispone. Tanto el Estado como el sector privado tendrán que abordar el tema tributario del país con la honestidad que amerita y con la celeridad que este requiere.
La aprobación de esta reforma en Estados Unidos podría dar inicio a una carrera hasta el fondo en los impuestos que son cobrados a las empresas. Personalmente a mi lado idealista le parece excelente, puesto que la existencia de ese impuesto nunca me ha hecho mucho sentido, todo esto a pesar de que mi lado realista está un poco preocupado de como podría impactarnos, o peor aún, como reaccionaremos.

