No hay duda de que el presidente Evo Morales exageró la nota al afirmar durante una conferencia sobre cambio climático que el pollo de granja es la causa de la homosexualidad y la calvicie, un juicio inexacto que causa daño a una industria avícola de gran empuje en América Latina.
La avícola es una de las principales industrias de República Dominicana, que produce unos 16 millones de unidades de pollos de tres libras y media y más de 50 millones de huevos y moviliza más de 24 mil millones de pesos al año.
El pollo y el huevo forman parte de la canasta de alimentos aquí y un gran excedente se exporta a Haití y otras islas, por lo que las declaraciones de don Evo no resultan simpáticas. No es verdad que el pollo de granja pone a la gente manfloritas ni calvos, si así fuera, casi todos los dominicanos, que comemos ese alimento varias veces a la semana, estuviéramos en la acera del frente.
Estoy seguro que a Morales no le hace gracia que propaguen la especie de que la hoja de coca es droga peligrosa, porque además de falso atenta contra los intereses de millones de campesinos bolivianos.
Dado la tremenda categoría y prestigio político del presidente de Bolivia, voy a usar algunos párrafos de un discurso de Juan Bosch, de 20 de mayo de 1976 para refutar su temeraria afirmación de que pollo de granja pone a la gente manfloritas:
No es verdad ni puede serlo ni lo será nunca es que una hormona, sea femenina o sea masculina, pueda pasar del cuerpo de un animal al que se la ha dado en forma de alimento o por inyección al cuerpo de una persona que se haya comido a ese animal.
Eso no puede ni podrá suceder nunca porque dondequiera que hay vida hay metabolismo, y no puede haber vida sin metabolismo; y el metabolismo es la suma de todas las transformaciones físicas, químicas y biológicas que se producen en los cuerpos de los animales, sean de agua como el mero, sean de aire como La paloma o sean de tierra como el hombre.
Todas las mujeres del mundo producen la hormona femenina llamada estrógeno; la producen todos los meses cuando tienen su menstruación y durante el embarazo la producen en una cantidad mil veces más alta que cuando no están embarazadas; y lógicamente, si esas hormonas pasaran de la sangre de la madre al cuerpo de su hijito a través de la leche que ella le da con su seno, no habría en toda la tierra un hombre que no fuera manflorito.
No crean en esa mentira. Cómanse su pollo y su huevo con toda confianza mientras no se los pongan por las nubes, porque si se los encarecen les harán daño de verdad; el daño que se les hace siempre a los pobres, que es explotarlos sin misericordia. Cómanse su pollo y su huevo sin miedo, y hasta otro día si Dios quiere, dominicanos.

