No sorprende, pero tampoco deja de llamar la atención la virulencia con que se han levantado antiguos protegidos del expresidente Leonel Fernández, quienes en gran medida le deben tanto su protagonismo como los caudales que han acumulado, a propósito de la crisis en el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) tras la celebración de las primarias del 6 de octubre. Lejos siquiera de guardar las apariencias a través del silencio se han ensañado contra Fernández por sus válidos reclamos de que se investiguen supuestas irregularidades técnicas que lo perjudicarían en el proceso.
No se tiene que estar de acuerdo con sus alegatos para reconocerle el legítimo derecho que le asiste a solicitar una auditoría forense de un sistema automatizado, que por más sofisticado que en realidad fuere, desde un primer momento generó reservas en algunos sectores.
En sus argumentos el precandidato presidencial peledeísta tiene muchos elementos en contra. Con diferencia mínima, los resultados de votos físicos y automatizados fueron prácticamente los mismos, amén de que los equipos habían sido revisados y validados por técnicos y dirigentes de los partidos, incluidos los del PLD.
Es posible que con la lectura a su favor que daba la calle y las dificultades que mostraba su rival Gonzalo Castillo para articular un discurso, Fernández no concibiera que su estrella política pudiera ser opacada por un advenedizo, sin importar los recursos que se invirtieran. Si se fió de su imagen, olvidándose de esas particulares que tienen hoy en su contra a antiguos protegidos, fue su gran fracaso.
Como cultivador de la Historia, Fernández, un político de teorías y que como toda persona tiene su propio ego, sabe, como describió el primer ministro inglés Lord Palmerston a propósito de las contiendas de su país, que los intereses se imponen a los sentimientos.
Si bien parte de las lesiones que recibió en el proceso de su partido, el exmandatario ha trascendido la diatriba interna al demandar que se revista el sistema democrático de instrumentos confiables.
Esa solicitud no es para que se le descalifique ni tampoco se utilicen algunas expresiones pronunciadas al calor del momento como muestra de desesperación o de que está dispuesto a destruir las estructuras políticas del país en eras de supuestas ambiciones.
Después que Brutus participó en la conspiración para asesinar a Julio César, 44 años antes de Cristo, no son para sorprender las traiciones que han escandalizado a la humanidad.
Brutos era como un hijo para César, que había gozado de todos los privilegios. Es por eso que al verlo en la trama para quitarle la vida proclama ¡Hasta tú, Brutus! Que Leonel no se de que suyos lo enfrenten, es una cosa, pero la actitud no deja de llamar la atención.

