Los dominicanos y dominicanas no deben creer en los ofrecimientos que hagan los políticos tradicionales vinculados con los partidos del sistema.
Años y años escuchando los mismos ofrecimientos que luego se convierten en falsas promesas, ha llevado el pueblo a perder la confianza en los que han hecho de la mentira y el engaño una forma normal de hacer la política.
Es muy fácil invertir amplios recursos económicos para promover a un determinado candidato que se presenta ante los ciudadanos y ciudadanas vendiendo ilusiones. No otra cosa es lo que han hecho aquí los que aspiran a conquistar los votos en los procesos electorales.
La eliminación de la miseria, el hambre, el desempleo, el analfabetismo, ect. son los temas de campañas . Pero todo se queda en los papeles, en las páginas de los periódicos y en la conciencia de las masas populares, pero nada se materializa.
Sembrar ilusiones ha sido el arma que han utilizado los que aquí buscan los votos para alcanzar el poder, enriquecerse, hacer rico a un grupito, violentar las instituciones y mantener a los que son los más al margen del progreso.
Estamos conscientes de que de un día para otro el pueblo dominicano no va a comprender que no busca nada cifrando sus esperanzas en los partidos del sistema y en los negociantes de la política.
Fue necesario que transcurrieran casi cuarenta años para que el pueblo venezolano retirara su apoyo a las organizaciones políticas que habían disfrutado del poder durante cuatro décadas. Aunque el actual gobernante, Hugo Chávez, es un hombre del sistema, está dando demostración, hasta ahora, de que quiere hacer las cosas en forma diferente a sus predecesores, que utilizaron el poder como fuente de enriquecimiento ilícito.
En política nada se maneja por plazos. En los procesos sociales el comportamiento, la actitud, la capacidad de lucha, el nivel de conciencia y organización de las masas populares, es lo más importante.
Una cosa es el deseo y otra muy distinta, la realidad, y lo que se observa de la política dominicana es que todavía los partidos que han engañado al pueblo ofreciéndole y no cumpliendo, tienen incidencia sobre amplios sectores populares. Lamentablemente esa es la verdad.
Para sacar a los politiqueros del escenario hay que edificar al pueblo en el sentido de que no debe seguir confiando en los que han mantenido vigencia en base a la estafa política.
Pero no hay que caer en el terreno de la desesperación. El pueblo dominicano ha demostrado que es sumamente inteligente y que, más temprano que tarde, se dará cuenta que ha sido utilizado, desde el punto de vista político, por una minoría que solamente ha gobernado para satisfacer apetencias de grupos minorías insaciables.

