Si algo ha demostrado la Cumbre de las Fuerzas Vivas por la Unidad quesiyoque quesiyocuanto, es que efectivamente de buenas intenciones está trillado el camino al infierno. Y lo sorprendente es que el tollo en que ha devenido no se debe a la voluntad o no del Gobierno de acatar lo pactado, como se esperaba, sino al racimo de propuestas absurdas e innecesarias que han realizado los participantes.
Antes de la cumbre parecía haber consenso en la opinión pública de que el Gobierno debía reducir sus gastos para afrontar la crisis que afecta la economía global. Sin embargo, a raíz de lo propuesto, podemos observar que esa misma opinión pública que tanto parloteaba austeridad, no sólo propone unos RD$26 mil millones adicionales en gastos sino que reclama mayor intervencionismo estatal. Al parecer fueron con el cerebro cerrado a pensar y las manos abiertas para pedir.
Claro, no se puede culpar a todos los sectores que han hecho propuestas, porque, en lo que se lograba consenso para reducir gastos en una mesa, se acordaba aumentar el doble de lo recortado en otra.
Creación de nuevas e inútiles Secretarías de Estado, Direcciones e Institutos Nacionales, aumento del número de parásitos a la Seguridad Social y a la Tarjeta Solidaridad, intervención financiera directa del Estado para proteger al inepto sector productivo de Agricultura y la Pequeñas y Medianas empresas, y claro, no se pueden olvidar los clásicos porcentajes de Educación, Salud y los Ayuntamientos. Sosteniendo lo anterior en una reducción del gasto limitando los salarios de los funcionarios, reduciendo las partidas en publicidad del gobierno y congelando la nómina (contradictorio a lo que habían propuesto como inversiones necesarias con anterioridad). Si esas propuestas no hubieran sido hechas con seriedad, ahora mismo me estaría riendo.
La Cumbre ha colocado al Gobierno en una delicada posición frente a la opinión pública en la que estarán obligados a acatar por lo menos la mitad de lo aprobado, sin importar lo absurdo.
Entiendo las buenas intenciones, pero nunca se debió dar cabida a temas de carácter social. Todo debió ser enfocado estrictamente en lo económico, financiero y fiscal, para evitar el desastre actual.
Lo ideal hubiera sido una Cumbre enfocada en realizar recortes del aparato estatal (Institutos, Secretarías y Direcciones redundantes para empezar y gastos superfluos para continuar), que permitieran hacer reducciones sensibles en el Impuesto Sobre La Renta, eliminar el Impuesto sobre los Activos, descontinuar los anticipos, etc. Para, primero, incentivar la reinversión de los sectores productivos; segundo, atraer capitales extranjeros que mantengan una estancia duradera; tercero para incentivar el gasto, todas las anteriores favoreciendo la creación de empleos y aumentando las recaudaciones del Estado vías para balancear el presupuesto, como está harto demostrado que ocurre.
El relajo que han hecho de esta Cumbre de las Fuerzas quesiyocuanto me convence aún más de que este país es una fábula, y en cualquier momento los árboles comenzarán a hablar como la gente.
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