Mientras me desempeñé como presidente del Asociación Dominicana de Sociólogos (ADOS) nunca desmayé en el compromiso adquirido de visualizar al gremio, todo eso a pesar de no tener ningún tipo de recurso económico, requisito indispensable para poder afrontar el día a día de una institución.
Junto a un grupo de profesionales de la sociología, mantuvimos el legado sociológico vivo, por momentos contra viento y marea y haciendo de “tripas corazón”. Sociólogos y sociólogas de diferentes generaciones se me acercaban, expresándome sus simpatías por el trabajo que se realizaba, todo eso a pesar en que por instantes pensé en que los esfuerzos se parecían mucho a la novela El Astillero de Juan Carlos Onetti.
No se ven los discípulos de Marx y Weber
Eugenio María de Hostos cumplió 181 aniversarios de su nacimiento. Ante sus restos en El Panteón Nacional asistieron diferentes instituciones culturales y educativas a rendirle pleitesía al apóstol de la educación, la moral y la sociología. Sin embargo, la ADOS brilló por su ausencia. Es un enigma, pues de la ADOS nadie sabe a ciencia cierta cuál es su realidad y su ubicación.
Las personas de la ADOS se han convertido en invisibles; no se dejaron ver ni en los “despojos” que protagonizó Dagoberto Tejeda para sacar el espíritu de Petán de CERTV
La ADOS parece ser de “la secreta”, pues ni en los tipos ideales de Max Weber, ni en la teoría de Marx, ni en los libros de Martha Harnecker, ni mucho menos en las reglas del método sociológico de Emile Durkheim aparece. ¡Qué pena!

