Respondiendo a las recomendaciones médicas, decidí alejarme del quehacer periodístico por un tiempo. Grandes problemas de salud individual y familiar, arremetieron fuertemente en contra de mi recuperación. No obstante esa difícil situación, he solicitado la anuencia de los facultativos que me tratan para –de vez en cuando- escribir alrededor de algún hecho.
Precisamente, observar un caso verificado el pasado fin de semana, me ha dado la suficiente inspiración para emitir mi juicio.
Nadie niega que los gobiernos dominicanos apelan a determinados hechos y trucos para desviar la atención ante la gravedad de nuestra situación económica, política y social.
Muchos recordarán el show montado por el doctor Joaquín Balaguer, entonces presidente de la República, en la Secretaría de las Fuerzas Armadas (FFAA) con un filipino llamado Félix Orbito, a finales de los 80.
Ese personaje llegó a usar al fallecido Antonio Imbert Barreras, jefe de las FFAA, y se presentó en televisión para manipular la fe de los dominicanos, diciendo que Dios le había dado poderes para hacer operaciones quirúrgicas con las manos y sanar a los enfermos.
Gracias a la tecnología del momento, se pudo determinar que el hombre sacaba, de las mangas de su camisa, vísceras de pollo y engañaba a los incautos.
Ahora, cuando el gobierno del presidente Danilo Medina tiene sumido al país en una calamitosa situación, apela a ese recurso y da las facilidades para que un nigeriano, de apellido Joshua, venga a distraer al pueblo con la intención de ocultar que el país –en sus manos- va de mal en peor.

