Opinión

DE SALUD Y OTRAS COSAS

DE SALUD Y OTRAS COSAS

Corrían los años 60 cortos y el Diablo Pérez pasó por mi casa a buscarme.

El era un boxeador famoso en mi natal San Pedro de Macorís, yo un jovencito de 12 años que practicaba boxeo en el  liceo Gastón Fernando Deligne.

Al llegar al coliseo Pepe Mallen situado en Villa Providencia,  justo al lado del liceo José Joaquín Pérez, allí estaba el maestro Sarampico. Negro, agrio, disciplinado, cocolo, masajista y entrenador.

El ordenaba: hacer sombras, poner las gasas ante de las guantillas y darle golpes al “pushinbag”, un balón. Los púgiles eran pesados y simulaban una pelea con las “chatas”, quiere decir practicaban con boxeadores de menor categoría.

Guayo y Elido Pérez nos miraban extasiados. El primero tenía fama de hacer “postalitas”, pero de pegada débil y el segundo, flaco y enjuto, se le consideraba mal nutrido

Días después llegué junto a mi padre a presenciar una pelea clave. El Diablo Pérez se mediría frente al famoso Pica Pica, un jabao tan fuerte como el acero, ágil, de mirada cortante y de gran concentración.

La pelea fue pactada a 12 asaltos.

No recuerdo en qué round Pica Pica le propinó un golpe tan fuerte al Diablo Pérez  (un gancho en el costado izquierdo) que lo hizo caer fulminado a la lona y no pudo incorporarse antes del conteo de protección de ocho.

Aterrado salí corriendo y subí al cuadrilátero a socorrer a mi púgil favorito. El me cargó, como si hubiera triunfado. Mi camisa se tiñó de sangre y mientras le ponían yodo en sus arcos superciliares heridos, me acotó hasta su muerte con el mote cariñoso de Yodito.

En estos días donde el líder del momento es Many Pacquiao, que justamente acaba de obtener un cuestionado triunfo frente a Juan Manuel Márquez, tengo pendiente hablar con Carlos Nina Gómez, el cronista contemporáneo más lúcido del deporte de las narices chatas, para que me preste el video de esa pelea.

¡Qué raro que un psiquiatra tenga entre sus recuerdos y aficiones, el boxeo profesional!

En estos días han venido a mi mente gente como el Zurdo del Higuamo (Caros Pérez), al cual vi pelear con Kid Cuero Duro. Fue una pelea  en la que recibió el primero una pela de puños. Dicen que estaba en drogas al final de su carrera.

Días después caía fulminado por una puñalada que le infirió un tal Mañé, su amigo entrañable, en medio de una trivial discusión de borrachos.

Recuerdo a Cisko Kid.

Vienen a mi mente las historias de Barquerito (Andrés Sánchez), Kid Carpio, Kid 22, Bobo Terremoto y otros.

Vi pelear a Kid Tugamo.

Fueron famosos  Luis  Millán y Luis Mateo.

Me contaron las hazañas del Gallito Frias y Luis Cisnero.

El boxeador viene de los barrios pobres.

Son guapos y se destacan desde niños como peleadores barriales temidos.

Generalmente han tenido problemas judiciales. Bebedores y mujeriegos.

Mueren en la indigencia y sin ningún apoyo de la comunidad o de los gobiernos.

Uno de los lideres universales del boxeo, el panameño Roberto –Mano de Piedra- Durán, tricampeón mundial, después de pasar siete días en coma, al ser preguntado que cuál había sido el hecho de su vida que mayor tristeza le había causado, afirmó: “Cuando yo tenía ocho años mi madre  me dijo que Batman no existía y lloré durante días pues ya no tenía a quien acudir para que me defendiera”.

Perdonando la digresión, y ahora que nos han impuesto prematuramente las comercializadas navidades, no le maten las fantasías a los niños. Los Reyes Magos,  El Niño Jesús, La Vieja Belén, Santa Claus, están ahí, en el inconsciente colectivo de todos nosotros.

La vida no es sólo boxeo y tragedia, también es fantasía y esperanza.

El Nacional

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