Opinión

DE SALUD Y OTRAS COSAS

DE SALUD Y OTRAS COSAS

Lleven sus niños al psicólogo

Los niños no son adultos en miniatura.

Muchos infantes son el resultado de embarazos no deseados; otros arrastran problemas genéticos que proceden de sus progenitores y algunos han tenido tanto “sufrimiento fetal” que ya al nacer traen defectos de fábrica.

Cuando el psicólogo pregunta, ¿hablo a tiempo?, está hurgando en el desarrollo psicomotor de una criatura, y si esa función se retrasó en aparecer en tiempo y forma podríamos estar frente a un trastorno neurológico y, a veces, ante un futuro retardo intelectual.

¿Sostuvo la cabecita a tiempo?  ¿Sonrió?  ¿A qué edad caminó o mudó los primeros pasos?   Y…  ¿cuántos años tenía cuando dejó de hacerse pipí y pupú en  la cama?

Estas preguntas al ser formuladas por un pediatra o un neurólogo de niños,  pueden delatar serios trastornos del desarrollo de la criatura que se está examinando.

Las primeras etapas de la existencia son claves para predecir lo que  será un ser humano.

¿Sabía usted que en la etapa de lactancia materna, la sonrisa, la fuerza de la chupada, la integración afectiva del binomio madre niño y el tiempo que se da el seno, influyen sobre el futuro desarrollo de la personalidad?

No es lo mismo cantarle a un niño en la barriga y acurrucarlo con pasión materna en esos primeros meses, que tirarlo al zafacón y que el infante sobreviva y luego sea adoptado en una institución de caridad.

Los bebés son tan frágiles, que  son varias las experiencias de niños abandonados en la selva con un gato y un perro y el primero en fallecer es el lactante, mientras que los dos mamíferos sobreviven.

¿Conocen ustedes la historia de Rómulo y Remo que fueron amantados por una loba?

Para muchos autores la etapa de lactancia cierra a los 18 meses y se abre otra etapa de la vida hasta los cuatro años, es el llamado párvulo.

En este tramo el niño va definiendo el conocimiento de su propio cuerpo (autoimagen) y su relación con el entorno.

Ya camina, se inicia en la escuela, habla, corre, busca su equilibrio, se torna cariñoso, sabe identificar a sus fami liares. El  juego (retozo) es su principal alimento….

Otras veces, ese ser humano se puede tornar huraño, agresivo;  pellizca a los otros en el preescolar, profiere chillidos de noche (pánico nocturno).

Otros  se comen el pelo, se chupan el dedo, se  golpean la cabeza contra la pared.

Lamentablemente, la gran mayoría de los niños que presentan las conductas anteriores, sus padres no tienen la posibilidad de llevarlos a un servicio de salud mental y son maltratados por sus familiares, a veces, con tanta crueldad, que hasta llegan a amarrarles.

En esta fase de la vida, el desarrollo esperado, los lleva a hacer  un nudo o a abotonarse la camisa; imita las cosas de los adultos, ya ha dejado de llevarse todo a la boca; pero no se despega de la falda de la mamá y tiene mucho temor a los animales. Hay que orientarse para saber en cada edad qué progreso corresponde como ganancia o validismo personal.

En esta etapa es que se detectan los déficits de atención con o sin hiperactividad.  “Ese muchacho no se está quieto y no le pone caso a nada, es un trompito”.

Las fobias, los celos del varoncito con su mami. La encoprexis y la enuresis  (pupú y pipí sin control), son frecuentes en el periodo de los 2 a los 3 años.

Quisiera seguir avanzando a la etapa de 4 a 7 años, pero el espacio no me lo permite.

Soy consciente que el país no dispone de los recursos humanos suficientes para atender a  miles  de niños que en esa etapa presentan trastornos del desarrollo y conductuales.

¿Qué hacer?

Educación a todos los niveles, mejorar la cobertura de la atención pública en el área infanto-juvenil en su vertiente salud mental.

Tenemos que orientar a los padres y maestros a observar con detenimiento, cariño y amor, a nuestros infantes y todo esto, complementado con programas de vacunación, y educación para la salud a todos los niveles.

Nutrir el cerebro, pues desnutrición es casi sinónimo de déficit intelectual.

Que el foco de la voluntad política se vuelque a invertir en los niños, pues así tendremos adultos de mejor calidad biológica, psicológica y social.

El Nacional

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