Acabo de regresar de Buenos Aires, Argentina, donde asistí al Congreso Mundial de psiquiatría, en el que se dieron cita miles de psiquiatras de todo el mundo, pero de eso les hablare luego.
Un día como hoy cumple años uno de mis cineastas favoritos: Pedro Almodóvar quien nació un año después que yo, en 1951.
¿Cómo olvidar que también es fecha del derrocamiento del profesor Juan Bosch, primer Presidente electo después de la tiranía de Trujillo? El rumbo de nuestra historia democrática cambio a partir de ese lamentable hecho.
A propósito, muchos años antes, en esta fecha, el prócer Simón Bolívar renuncia como primer mandatario de la Gran Colombia, en el 1828, después de un atentado que casi le cuesta la vida.
¡Cuántas ironías en espiral tiene la historia!
Un segmento de la pequeña burguesía tiene acceso e invierte en promover el arte: compramos libros, cuadros, buena música y otras premiaciones sanas de ocio y descanso como compensación a las duras jornadas laborales. Por cierto, muy agobiantes en tiempos de crisis.
Ver a Cecilia García interpretando la vida de la cantante de óperas María Callas es un evento tan inolvidable por su fuerza dramática y por su calidad profesional, que aún no sé si lo vi o lo soñé.
Ayer fue Día de las Mercedes y estoy indagando el papel de esta virgen en los procesos patrióticos del país y cómo ella comparte con la virgen de La Altagracia el set de creencias de nuestro pueblo predominantemente católico.
Sigamos con la diversión:
Lolita Flores tenía muchos años sin regresar al país. Se adueñó de nuestro Teatro Nacional en un homenaje a su padre, a su madre y a su hermano, todos artistas fallecidos.
Ver y escuchar a la Flores es sentir sus vibraciones; es conversar con las influencias ibéricas en nuestra música, es reconocer a una artista de una estatura inigualable, los que estuvimos ahí, como el crítico de arte Alfonso Quiñones, recibimos un bocadillo cultural exclusivo para el que sabe apreciar la calidad.
Aunque tengo en agenda el homenaje a Facundo Cabral, el mano a mano de Dany y Braulio y al atípico y quejumbroso Bebo Cigala, no puedo dejar de referirme a lo que vi hace poco:
Ququín Victoria e Ivón Beras Goico, mi querida sobrina, se crecieron en el Palacio de Bellas Artes.
La obra Adulterio parecía una comedia ligera y cursi, pues no, en ella encontrarán razonamientos como la infidelidad masculina y femenina como respuesta al tedio y a la rutina del matrimonio moderno.
La obra propone una sutil crítica a la psiquiatría oficial. Piensen que a una psicoanalista (Ivón) el marido se le va con otra chica (Carolina), bien actuada por Denisse Quiñones.
A su vez el marido de Bárbara (Ivón que hace de psiquiatra), el señor San Montalvo, encarnado por el maestro de la actuación Ququín Victoria deja a Carolina para enredarse con Julieta (Hony Estrella), que a su vez fue paciente de la ex mujer de su amante. Tremendo lío.
Dos menciones al final, José Manuel Rodríguez en el rol de Israel, que encarna a un paciente bipolar, estuvo extraordinario y hay mucho que esperar de este experimentado actor.
Juancito Rodríguez, el productor y el gurú Franklin Domínguez como director, le ponen la tapa al pomo en una producción que ustedes en momentos de tantas angustias, miedos e incertidumbres, deben ir a ver casi como un diazepán terapéutico.
