El paso de los años, los tropezones y la adquisición de experiencia en base a observar los fracasos de otros y los nuestros, nos hacen más conservadores a la hora de la toma de decisiones.
En el amor, los negocios y en la política, por solo citar tres campos de actividad humana, las posturas asumidas suelen medirse por los resultados obtenidos.
Una persona autoexigente ve la equivocación como el más temido de sus fantasmas.
El filósofo romano Marco Tulio Cicerón ha dicho: De humanos es equivocarse; de locos, persistir en el error.
Si el periódico de mañana estuviese en nuestras manos ahora podríamos vaticinar lo que va a ocurrir, tomar decisiones libres de riesgos, es decir, no equivocarnos.
Para vivir hay que tomar decisiones y situarse en el aquí y ahora de los hechos.
No asumir una postura por temor a equivocarnos, es también una decisión, pero de inhibición, de pasividad, es como el que se abstiene de ejercer el voto en unas elecciones, por miedo a equivocarse.
La incertidumbre es parte de nuestro diario vivir y esa sensación, a veces paralizante, nos impide tomar decisiones.
Se ha dicho que algunas personas yerran por el mismo temor a equivocarse.
Equivocarse es una forma de aprendizaje. A veces contamos a nuestras amistades nuestros primeros fracasos en un área de la que en la actualidad somos exitosos. Aquí quizás es válida la expresión Nadie aprende en cabeza ajena.
Miedo a equivocarse y autoestima
Cuando uno dice me la voy a jugar y está al borde de tomar una decisión, que, como todas, tiene un margen de riesgo, estamos apostando a la confianza en nosotros mismos. Lo contrario sería una baja autoestima.
Las dudas y los temores acompañan al hombre responsable, consciente de los riesgos de una decisión y del costo de una equivocación. Un hombre precavido también mide sus propios riesgos, lo que no significa que no tome decisiones y que sepa en cada caso, que puede equivocarse.
El temor exagerado a equivocarnos es temer a la propia vida, es no tener pantalones para asumir las circunstancias adversas que nos acechan en cada esquina de la vida.
¿Qué hacer?
1.- Antes de tomar una decisión, consulte a las personas que van delante de usted en la política, en los negocios o en el amor.
2.- Tome lápiz y papel y escriba los pros y los contras de la decisión que va a tomar.
3.- Por temor a equivocarse ante los problemas que nos plantea la vida, les damos larga a las cosas.
Hay que recordar que ante un conflicto determinado solo disponemos de tres salidas: usted enfrenta el problema; en segundo lugar, pospone el afrontamiento de la situación o, sencillamente, huye sin tomar las decisiones y se atiene a las consecuencias.
4.- Sepa que la inseguridad, la baja autoestima y el miedo a fracasar hace que miles de seres humanos en el mundo se paralicen y no tomen decisiones , lo cual es lamentable , arriesgándonos a que se nos acuse de blanditos.
5.- Finalmente, del habla popular, que nos invita a tomar decisiones se ha dicho que Las oportunidades son calvas y sólo pasan por la puerta de nuestra casa una sola vez en la vida.
Mi abuelo haciendo galas de que no se equivocaba al juzgar la conducta de los seres humanos, repetía: Conozco al ciego durmiendo y al cojo sentado.

