Todos tenemos enemigos
Carlos Francisco Elías (Cuchi) me invitó a la muerte del pavo.
Este es el año número trece que en diciembre y junto a sus amigos, este reconocido intelectual petromacorisano convoca a gente de sus afectos a degustar esta noble ave.
Guillermo Alfau, José Enrique García, Andrés L Mateo, Wilfredo Lozano, Mary Carmen, Clara de García, Vivian Núñez Musa, Diógenes Céspedes, Ramonina Brea y otras personas, concurrimos a La Masia, restaurant español situado en la zona colonial en donde nos atendió de forma exquisita doña Alba Gerónimo.
En el marco de esta reunión, y justo al mediodía del domingo pasado, Manuel Núñez presentó la obra Vocabulario Accidental, del abogado español don Miguel Ruiz Bermejo.
Este autor, presente en la tertulia, casado con una dominicana, dice cosas en su libro, sobre nuestro país, que vosotros (como él diría), deben salir a comprarlo ahora mismo.
Pues bien, el presentador del libro, con su acostumbrado vuelo alto, cuasi polémico, como acostumbra, dijo que hay tres cosas inevitables en la vida: La enfermedad, la muerte y la enemistad.
Ahora entro yo, a fin de comentar el tercer aspecto.
El Diablo ha sido catalogado como el Enemigo malo, nunca he sabido si hay un enemigo bueno.
Se decía que Rusia y Estados Unidos eran enemigos y que Israel y Palestina (cuyos orígenes son los mismos, todos hijos de Abraham), aún son enemigos a muerte.
El diccionario de la Real Academia Española describe la enemistad como aversión u odio entre dos personas.
Un conocido proverbio advierte que No hay enemigos pequeños.
En mi infancia recuerdo que ponerse enemiguitos era tocarse con ambos dedos meñiques, a veces hasta el retortijón. Por suerte este ritual de alejamiento entre dos amiguitos duraba lo mismo que cucaracha en gallinero.
La historia de las grandes enemistades es muy densa. He escuchado por ahí, que después de una pelea a los puños, dos ganadores del Premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa, aún hoy día, son enemigos.
¿Cómo se inicia una enemistad?
Casi siempre después de un incidente ofensivo.
En nuestro medio suele ocurrir entre dos personas que eran como hermanos después de un problema de corte económico, sentimental o político.
No sé si las mujeres, en el marco del chismoteo, son más propensas a la enemistad que los hombres.
En la enemistad está envuelto un enjambre de ingredientes: el orgullo de uno de los contendientes, la gravedad de la ofensa, la red de intermediarios en lo que en el lenguaje popular se llama azuzar o el lleva y trae, etc.
A veces el distanciamiento entre ateos y creyentes es más tolerable que entre dos ex amigos en medio de cuya intrahistoria, uno de ellos se propasó con la mujer del otro.
Aunque la gente que toma las cosas a la ligera suele decir que ofende el que puede, dando categoría de profundidad o de superficialidad a un incidente, a veces se producen acontecimientos conflictivos que marcan y perduran hasta la muerte como fuente de odio y distanciamiento.
No creo en gente que se ufana en decir que no tiene enemigos, ahí esta el grupo de los charlatanes metidos a serios.
Existen variantes: el enfriamiento de una amistad, que puede ser transitorio y se resuelve con unos tragos en casa del compadre.

