Los seres mortales vivimos dos vidas: la biológica o zoológica y la simbólica, que es la vida de las relaciones superiores y de la búsqueda del significado de la vida.
Esta vida simbólica que llamamos espíritu, es lo que nos resulta difícil resignarnos a que desaparezca con la vida biológica.
Estas reflexiones son del filosofo Fernando Sabater (1947) catedrático de la Universidad Complutense de Madrid y que en su más reciente libro, La vida eterna, propone discusiones sobre las creencias, la vida y la muerte y que comentaré a continuación.
El libro trata el tema de la relación entre la filosofía y la democracia afirmando que van unidas, nacen juntas y son un esfuerzo para que las personas en vez de pensar con la tradición y las pautas morales establecidas puedan tener un recorrido intelectual propio
Cuando se aborda el tema de la diferencia entre un libro de autoayuda y uno de filosofía reacciona diciendo que nunca se filosofa para salir de dudas, sino para entrar en dudas. El libro de autoayuda es cómo resuelvo las preguntas que planteo yo a unos cuestionamientos mucho más profundos. La filosofía cambia unas preguntas por otras más difíciles de resolver. La filosofía debe plantear más dudas, a la vez que nos ayuda a hacer inteligente la convivencia con unas preguntas que no se reciben como asuntos prácticos.
Una de las afirmaciones más contundentes de este autor es la siguiente: Si no fuéramos mortales no seríamos religiosos, y nadie creería en lo sobrenatural si la naturaleza nos mantuviera eternamente en el mundo.
Nos rebelamos contra la idea de la muerte, de la separación de la vida, y deseamos que haya algún libro de registro para quedar perpetuados para siempre, aunque haya sido para mal. La muerte, la idea de la inmortalidad, es el fondo de las religiones, sobre todo las monoteístas. No admitimos que un ser humano desaparezca para siempre. De eso se aprovecha la religión.
Este autor, que a veces lo siento agnóstico, y otras ateo convencido, ha tenido un gran peso en la construcción del pensamiento bioético y filosófico de la Europa contemporánea.
Un pensador notable contemporáneo de mi país, República Dominicana, ha dicho que en nuestra sociedad se conceptualiza poco y es justo reconocer que en su momento tenía toda la razón.
La idea de que venimos de vidas pasadas, de que luego reencarnaremos en otros seres humanos en épocas ulteriores, incluso la promesa de una vida eterna, llevó al hombre desde sus orígenes a buscar una famosa piedra filosofal.
La percepción del bien como sinónimo de salvación y el mal como equivalente a un castigo en el juicio final ha sido un freno entronizado en el inconsciente colectivo.
Espinosa, Santo Tomás, Tomás Moro, Bertrand Russell, Rogelio Ibarreta y muchos pensadores más han teorizado sobre la conciencia como espacio de vida plena, de excelsitud de los sentidos y del buen actuar.
Las críticas del maestro Sabater sobre los libros de autoayuda no las comparto, pues insinúa que es una literatura de lo sencillo, de lo concreto, de lo que se entiende sin mucho esfuerzo.
Millones de seres humanos han cambiado de actitud, han dejado el alcohol y la cocaína o se han vuelto más dóciles y humildes después de leer textos universales de autoayuda.
Quien reniega el papel de un Enrique Rojas, Richard Bach, Louse L. Hay, Carlos Cuauhtemoc, Og Mandino y Paulo Coelho.
Otros cultores de la autoayuda son: Anthony de Melo, Stephen Covey, John Gray, Daniel Goleman y Dorothy Bullit.

