Opinión

De vuelta a la realidad

De vuelta a la realidad

La reciente cumbre de Copenhague ha marcado el fin de la luna de miel de los presidentes radicales de Latinoamérica con la administración de Barack H. Obama, en un desenlace fácil de predecir para cualquiera que haya dado mediano seguimiento a la fábula “progresista” latinoamericana y el trato con Estados Unidos.

Cualquier aspiración a buenas relaciones entre Estados Unidos y los “progre” de Latinoamérica raya en sueño imposible, simplemente porque a los “progre” no les conviene tener una buena relación con el “imperio”.

Como una buena narración orwelliana, se necesita mantener latente la amenaza de un ataque inminente por parte de otro país (en este caso Estados Unidos) a los fines de poder justificar la supresión de libertades y la persecución y descrédito de los opositores. Por lo que es común escucharles hablar de las “amenazas del imperio” o hacer acusaciones contra los “agentes del imperio”.

El más reciente espectáculo montado con relación a esto han sido las bases que va a instalar los Estados Unidos en Colombia, algo que los gobiernos “progre” de Venezuela, Ecuador, Bolivia, Nicaragua y Argentina han definido como elemento desestabilizador en la región. ¿Cómo 7 bases militares autorizadas por Colombia en su territorio significan una amenaza contra esos países? Eso aún no queda claro.

La primera afirmación orwelliana de los “progre” es que “se pueden usar esas bases para desde allí orquestar ataques contra nuestros territorios”. La realidad es que Estados Unidos tiene la capacidad de movilizar en menos de 24 horas varias docenas de miles de marines y una flota de buques y portaaviones con suficiente poder como para borrar todos esos países tres veces,  y  sale más barato que las bases militares. Adicionalmente, ni siquiera bajo el mandato de Bush, Estados Unidos mostró intención de usar fuerza militar en Latinoamérica.

La segunda afirmación orwelliana de los “progre” es que todo el tiempo a todas horas, sea desde las embajadas, el Pentágono o la Casa Blanca, se está conspirando en su contra.

Esa consistencia de los “progre” en llamar al lobo es uno de los pilares de su permanencia en el poder para justificarse y para mantener un vínculo de dependencia del pueblo para con ellos como “protectores” o “sagaces defensores de la soberanía”. Sin ello, a la luz de sus pueblos, dejarían de ser tan indispensables como se pintan. Y esto lo hizo hasta el mismo Trujillo en un principio contra Haití y al final de sus tiempos contra Estados Unidos.

No sé quienes compiten por el premio de los ilusos del año, si Obama por creer que iba a poder normalizar las relaciones con los “progre” latinoamericanos y llevar un mensaje de paz con países que día y noche se dedican a odiar a Estados Unidos; si los latinoamericanos que pensaron que Obama iba a poner los intereses de otros países por encima de los intereses del pueblo que le ha elegido; o si el jurado del premio Nobel de la Paz, que creyó que Obama iba a cambiar el mundo.

No pensé que Obama no mereciera el premio Nóbel de la Paz por sus buenas intenciones, que realmente son muchas. Supe desde el principio que ese Nobel iba a ser más una carga que un beneficio al momento de que Obama tuviera que tomar las decisiones que como Presidente de Estados Unidos tiene que tomar, aunque les duela a los “progre” latinoamericanos, aunque les duela a los anti-Estados Unidos. Duélale a quien le duela.

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación