Desde que empecé mis semanales artículos a través de este diario, he hecho un punto del no tocar los temas de juventud, a pesar de que soy joven, y que estos temas deberían ser mi fuerte o algo por el estilo. Desde mi perspectiva, el principal problema de la juventud es que al igual que las mujeres, los jóvenes no producen avances generales en su causa por limitarse a tratar problemas sectoriales de poca monta y relevancia como el género o la edad.
Ya los jóvenes se han dado a la tarea de estar reclamando cuotas de participación en los cargos electivos para las elecciones municipales y congresuales que se avecinan. Es como si se ignorara el rotundo fracaso de la asignación de cuotas a favor de la mujer a los mismos fines. De una vez y por todas entendamos que las cuotas no funcionan; en el más común de los casos lo que hacen es empeorar el problema que pretende arreglar.
La solicitud exacta en la forma que la expuso Wellington Arnaud de la Juventud Revolucionaria Dominicana, fue: que se otorgue del 33% asignado a las mujeres, un 10% para las jóvenes y del resto 66% para los hombres, un 10% para los jóvenes. Hay tantas cosas malas en esa frase tan breve, que ni sé por donde empezar.
Podemos llamar primero la atención a las mujeres de que lo que supuestamente era una cuota mínima de participación de un 33%, ahora es su asignación, y el 66% restante para los hombres. Ese es el primer efecto de las cuotas, en vez de ser metas mínimas se convierten en topes máximos. Esto se va a revertir de igual forma sobre el 20% exigido para la juventud. Y el resultado final no va a ser distinto: de un 20% de jóvenes propuestos a cargos electivos, menos del 5% serán electos, y la situación no va a variar en nada, probablemente hasta empeore como en el caso de las mujeres.
Las cuotas no funcionan. Sirven para celebrar la mediocridad y eliminar los incentivos al buen desempeño. Yo, como joven, estoy tajantemente opuesto a que nos sean asignadas cuotas.
Otro tema de los pocos que se animan debatir los jóvenes, es el del proyecto Mi Primer Empleo, que trata de incentivar la contratación de jóvenes en empresas otorgando incentivos fiscales y liberando a los empleadores del pago de derechos laborales adquiridos por los empleados. Un proyecto de ley de 13 páginas no podría ser tan destructivo, inconstitucional y absurdo ni porque lo intentarán hacer así a propósito.
La realidad es que la juventud poco ha aportado a los temas relevantes para la sociedad, y cuando lo hacen es con discursos copiados al carbón de la retórica que lanzan los mayores haciéndoles imposible distinguir unos de otros. ¿Cómo podemos aspirar a ser tomados en cuenta si lo que vamos a aportar son los mismos disparates que todo el mundo conoce, y una serie de medidas auto-excluyentes?
Soy joven, pero hago el esfuerzo de apartarme del debate común; soy joven y propugno por la eliminación de la Secretaría de Estado de la Juventud como entidad innecesaria; soy joven y nunca voy a dar aquiescencia a auto-excluirme con políticas de juventud; soy joven porque no me queda otro remedio.
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