Cuando en una empresa o país se produce un déficit de la magnitud que sea, las causas siempre están relacionadas con dispendio, irresponsabilidad o corrupción, de modo que sería bueno saber por qué las autoridades financieras permitieron que el país acumulara un déficit de 173 mil millones de pesos.
Estamos hablando del 7% del Producto Interno Bruto, por lo que los ciudadanos tenemos el derecho de saber quiénes y para qué tomaron adelantos de nuestro dinero.
Creo que eso no es mucho pedir, además de que, con una explicación convincente, la gente no tendría reparo en aceptar de buena manera los nuevos impuestos que vendrán a partir de enero del año 2013.
De lo contrario, habría que tener buen tupé para pedir más sacrificios a una población sumida en una miseria espantosa, a la gente que, además de pagar impuestos directos e indirectos, tiene que costearse en el sector privado los servicios de salud, educación, medicamentos, agua y energía, porque los gubernamentales carecen de calidad o de cobertura.
La gente tiene el derecho de conocer por nombres y apellidos, así como por los cargos que ocuparon o aún desempeñan en el tren gubernamental, a quienes no solo permitieron sino que incentivaron la actual desgracia económica.
¿Adónde diablos fueron a parar esos 173 mil millones de pesos? Dice Temo (Temístocles Montás), que se invirtieron en construcciones, lo cual es una irresponsabilidad, porque las obras de infraestructura estaban consignadas con sus partidas en la Ley de Presupuesto del 2012.
Esto así, porque este año no hubo baja en las recaudaciones, y, si se ejecutaron los proyectos consignados en el Presupuesto, entonces no habría razones para un déficit de esa ni de ninguna magnitud.
No hay dudas de que el déficit fue provocado por razones políticas, electorales o económicas. Pero lo peor del caso es que los responsables de la enfermedad, son quienes están procurando la cura.

