Opinión

Décadas de Peralta

Décadas de Peralta

En la autobiografía que José Peralta-Michel asigna como “Las décadas de mi vida”, el fenómeno de la obnubilación, de la ceguera, del ocultamiento que aterra, no ha sido evadido. En estas memorias, Peralta-Michel teje un lienzo donde plasma las escenas trascendentales de su vida, enraizadas estas en un recorrido donde confluyen y superviven los períodos de placidez, euforia, aprendizaje, dolores, júbilos y atormentados instantes, todo desde una sonora percusión de llantos y risas, hasta los instantes en que hubiese preferido ser otro, un tercero aposentado en el llanto, pero sin evadir ni traicionar la responsabilidad contraída consigo.

Peralta-Michel reconstruye en su libro la esencia de la “Segunda Intempestiva (de la utilidad y los inconvenientes de la Historia para la vida)”, de Nietzsche (1874), donde el filósofo alemán afirma que es imposible vivir sin olvidar: “El hombre puede establecer tres modalidades de vinculación con el pasado, que deben hallarse en equilibrio”. Es bueno afirmar que de estas modalidades nietzscheanas se desprenden tres tipos de historia: la historia monumental, la historia anticuaria y la historia crítica.

Asimismo, y como en “El libro de los pasajes” de Walter Benjamin (1928-1940), donde este filósofo recrea al flâneur, al observador que deambula por la ciudad amada, José Peralta-Michel recuerda, evoca, pasea, observa, ríe, llora, festeja y baila al compás de los ritmos históricos, negándose a olvidar los fragmentos trágicos de su vida, porque sabe que la historia, al final, saca cuentas desde la aritmética furibunda de los hechos.

En el libro, Peralta-Michel reconstruye dos momentos cruciales de su vida: uno de extrema felicidad, acaecido en el segundo periodo de la narración, otro en el cuarto, y ambos tienen como reflexión el nacimiento a la vida y la muerte como partida definitiva, albergando como protagonista a su hermano menor, Alfredo Antonio Peralta-Michel, un héroe caído en “Las Manaclas” junto a Manolo Tavárez Justo.

La narración de este evento, leída así, como una historia más de las grandes tragedias vividas por el país en las últimas décadas, parecería formar parte de un registro histórico no escrito, porque muchos de los sucesos acaecidos en República Dominicana, sobre todo aquellos que la cronología oficial teme reconocer, yacen ocultos, simulados, esperando que textos como Las décadas de mi vida los saquen a la luz y los reivindiquen para que los investigadores del futuro los registren como testigos imperecederos e infinitos, de un heroísmo insepulto.

La historia como travesía, como tejido orgánico ordenado en Las décadas de mi vida, se convierte en un sujeto de estudio y, al mismo tiempo, en un objeto transformador de la propia memoralidad, porque niega el olvido, la pasividad del desentendimiento que convierte la noción de modernidad en sumisión.

De ahí, que cada década de la vida de José Peralta-Michel, minuciosamente memorizada y autobiografiada, conlleva un epígrafe que señala los acontecimientos fundamentales del país y del mundo, los cuales abren un prólogo en sinfín, que posibilita el entendimiento vital de lo que fue y podría ser la nación que habitamos.

El Nacional

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