Opinión

Del asco a la acción

Del asco a la acción

Hoy concluye esta penosa y lamentable tragi-comedia electoral, la más degradada y repugnante de todos los tiempos, que es mucho decir.

Confieso que, en la medida se desplegaba la campaña electoral, sentía cada vez más asco y más indignación.

¡Cuánto descaro! ¡Cuántas agresiones a la inteligencia del pueblo llano!

¡Cuántas sinvergüencerías!

¡Cuántas ofensas a la decencia!

No tengo dudas de que el país saldrá peor de esta contienda, cual que sean los resultados entre adversarios de la misma calaña;  ambos con capacidades similares para enlodarlo y satelizarlo todo, incluyendo a los pocos agentes buenos del proceso.

El reto, en consecuencia, será mayor y, sobre todo, más perentorio que antes. Nada peor que permitir que este cuadro institucional,  que este sistema político y estas estructuras dominantes, se prolonguen indefinidamente en lo adelante sin ser resquebrajadas, sin que contribuyamos a crear las condiciones para derrotar la partidocracia y las mafias empresariales y abrirle cauces a las alternativas necesarias.

Esto ha llegado a un punto insoportable y pinta peor en el futuro de no ser estremecido de manera original.

¿Cómo provocar ese cambio? Desatando nuevas fuerzas y energías, nuevas iniciativas que expresen el descontento abierto y soterrado que se ha venido gestando.

No hay que predeterminar nada dentro de moldes tradicionales rígidos.

Hay que darle rienda suelta a la participación, a la imaginación, a la innovación, a la fuerza volcánica de la juventud, a la hermosa rebeldía de nuestras mujeres, a los trascendentes movimientos ambientalistas y a las necesidades e insumisiones de nuestra pobrecía agobiada por una lumpen-burguesía implacable y un Estado súper-delincuente.

Es urgente ir a la raíz de los problemas desde sus expresiones más sencillas y más indignantes, sin darle tregua al perverso Congreso reelecto y a las alcaldías recicladas para hacerlo peor.

Tampoco se debe dar tregua a la partidocracia  corrompida del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) y de sus fuerzas satélites, ni al gobierno que intenta perpetuarse aprovechando los resultados de su felonía.

El Nacional

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