Opinión

Del borrón y cuenta nueva

Del borrón y cuenta nueva

En la celebración de fin de año sucedió algo que provocó un hermoso aprendizaje. Dos familiares expresaban su disgusto con el PLD por su fomento de la corrupción; su irresponsabilidad medioambiental (Catalina, Barrick Gold, Gold Mines…); la impunidad de los acusados de Odebrecht; su irrespeto al derecho a la vida de las mujeres; y la impunidad de sus dirigentes, y ello provocó la airada reacción de otro familiar, dirigente de un comité intermedio del PLD, quien defendió vigorosamente su honradez y la de todos los peledeistas que él conocía.

Entonces, una cena planificada cuidadosamente y celebrada con anticipación como una gran reunión familiar, casi se fue a pique, amenazando la política con desunir lo que había construido el afecto. La pronta intervención de las mujeres impidió un triste desenlace, concluyendo todos que ningún Partido, ningún dirigente, amerita que las familias entren en conflicto.

Primera lección. La segunda fue recordar a Juan Bosch y su “borrón y cuenta nueva”. El sabía que durante 30 años todos los dominicanos tuvieron que ser trujillistas, (como casi todos los y las dominicanos/as fueron alguna vez simpatizantes del PLD), y les ofreció una manera de reivindicarse y de renacer. Ahí radicó su victoria electoral.

Sabemos que hay gente tenaz en su odio. Comulgan a diario, pero maquinan contra otros que ni siquiera recuerdan su existencia. Su odio es una enfermedad mental. Hay otros que hacen de la cultura un campo de batalla y aprovechan cada circunstancia para escalar posiciones, ganar notoriedad, o promover a sus cómplices.

Esa es otra enfermedad. Hay muchos, que orientan su odio hacia los que no pueden defenderse, compensando su complejo de inferioridad, su odio de clase, con acciones xenofóbicas, con declaraciones racistas, con fanfarronería de ignorantes, siendo la agresión a Ángela Hernández un ejemplo reciente, como lo fue la nuestra en el 2010.

A esos hay que proponerles unas primarias abiertas de borrón y cuenta nueva, donde todos y todas quepan, sin rencores ni exclusionismos y esa debería ser también una meta de los Partidos y Movimientos alternativos: Ofrecer unas Primarias Abiertas a los desencantados, frustrados, cínicos, desesperanzados, irremediablemente competitivos, o enfermos del odio, confiando en que la mística grupal podrá transformarlos, actuando como el padre del hijo pródigo.

Cada día morimos un poco y esa es nuestra única verdad, y aunque suene a cliché la vida es bella.
No hay tiempo ya para guerritas de poca monta, o gran monta (Abril del 65 es la memoria de un proceso donde la indignación encontró un cauce), ni egocentrismos que conduzcan a la Nación a un lugar sin retorno: el de la desesperanza y su máxima expresión: el fascismo.

El Nacional

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