Con marcada frecuencia, partidos políticos conquistan el poder sustentados más que en capacidades propias para generar simpatías, en sentimientos de repulsa que concitan otras organizaciones que los pueblos desean desplazar de la conducción del Estado.
En esas circunstancias, los electores valoran que solo a través de determinados canales partidarios resulta viable alcanzar ese objetivo esencial y, por eso, en su favor se vuelcan los sufragios.
Es el denominado voto útil o voto de castigo. La utilidad deriva de que por su mediación se persigue un propósito percibido como prioridad. El castigo, de que por encima de premiar la opción elegida, se procura penalizar a quien se considera que ha dejado, por su conducta, de ser merecedor del apoyo popular.
Se trata de una acción ciudadana que pone de manifiesto un nivel de conciencia de que es preciso no forjarse altas expectativas con una posible gestión pública de los beneficiarios del espaldarazo electoral, porque el mismo ha estado determinado por las razones que han sido explicadas.
El rechazo generalizado a la figura de Joaquín Balaguer, a todo lo que él representaba en el año 1978 y la imperiosa necesidad de una parte mayoritaria de la población dominicana de producir un cambio de rumbo en la dirección política del Estado, tuvo un peso específico de mayor contundencia en la decisión de favorecer con el voto al PRD y su candidato presidencial, Antonio Guzmán, que en las ilusiones que forjaban éstos.
Sin pretender demeritar a nadie, lo cierto es que en ocasiones como esa, existen figuras y entidades a quienes se les suponen más condiciones para llevar a cabo una mejor gestión gubernamental, pero carecen de la potencialidad electoral para materializar lo que se tiene como urgente, que es la sustitución de autoridades.
El punto neurálgico de todo esto se presenta con posterioridad a la concretización del objetivo propuesto.
Las experiencias del pasado demuestran que quienes acceden al gobierno impulsados por coyunturas como la descrita no hacen lo requerido para hacer sentir satisfechos a electores que prestaron sus apoyos y esperan que se les demuestre que la decisión ha valido la pena. En el ejemplo citado, el PRD no fue capaz de capitalizar la actitud de rechazo al anciano régimen y fue desalojado 8 años después.
Ahora, el PRM puede repetir o revertir la historia. Serían los próximos echados de no transformar en adhesión lo que en principio fue un beneficio indirecto. Confiemos.
Por: Pedro P. Yermenos Forastieri
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